La Ley de Comunicación Social en Cuba representa un hito en la organización de los procesos comunicativos del país. Su importancia radica en que establece un marco jurídico para regular la comunicación en espacios físicos y digitales, buscando garantizar que los mensajes transmitidos respondan a los intereses colectivos, la unidad nacional y la soberanía. Al reconocer la comunicación como un derecho constitucional, la ley se convierte en un instrumento clave para fortalecer la relación entre el Estado y la ciudadanía.
En cuanto a su utilidad, la ley permite ordenar los distintos ámbitos de la comunicación —organizacional, comunitaria y mediática— bajo principios comunes. Esto facilita que las instituciones públicas y privadas gestionen sus mensajes de manera estratégica, evitando contradicciones y promoviendo coherencia. Además, regula la publicidad y el patrocinio, lo que contribuye a establecer límites claros en la promoción comercial y a proteger a la población de prácticas abusivas o engañosas.
Otro aspecto relevante es que la ley busca garantizar la participación ciudadana en los procesos comunicativos. Al obligar a los órganos del Estado a responder y mantener vínculos con el pueblo, se fomenta la transparencia y la rendición de cuentas. En este sentido, la comunicación deja de ser un proceso unilateral y se convierte en un espacio de interacción que fortalece la confianza social.
Sin embargo, el incumplimiento de la ley puede generar consecuencias negativas. Si las instituciones o medios no respetan sus disposiciones, se corre el riesgo de que la comunicación se vuelva desordenada, fragmentada o manipulada. Esto podría afectar la credibilidad de los mensajes oficiales, debilitar la cohesión social y abrir espacio a la desinformación, especialmente en plataformas digitales.
Finalmente, la falta de cumplimiento también puede derivar en sanciones legales y administrativas para las entidades responsables. Más allá de las penalizaciones, lo más grave sería la pérdida de confianza ciudadana en los canales de comunicación, lo que impactaría directamente en la gobernabilidad y en la capacidad del Estado de mantener un diálogo efectivo con la sociedad. En resumen, la ley no solo organiza y regula, sino que también protege la estabilidad comunicacional del país.
Carmen Lieng Mena Lombillo
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