En el panorama cultural cubano, pocas instituciones han tenido tanto impacto como La Universidad del Aire, aquel proyecto educativo nacido desde la radio en 1932 y retomado en 1949. El realizador radial e investigador Hernán Yglesias Villar rescata ahora esa historia en su libro «¡Silencio! La Universidad en el Aire«, publicado por enVivo Ediciones y que será presentado este sábado 2 de mayo en el espacio Sábado del Libro de la capital habanera.
https://youtu.be/geIwyqaEv08?si=BXtdpzLcJwgNKgUH
La obra devuelve al público un capítulo esencial de la tradición educativa de la radio en Cuba. A propósito de este texto su autor accedió a está entrevista.
1- ¿En qué momento sentiste que Universidad del aire debía convertirse en un libro y no solo en una investigación o un archivo personal?
Desde que estaba haciendo la investigación siempre sentí que este tema de la Universidad del Aire debía tener una mayor difusión o un mayor alcance que una investigación científica, que como es lógico, generalmente interesa a las personas de una determinada comunidad de la ciencia. Entonces pensé, se había hecho un libro anterior, publicado por Norma Díaz, que fue bibliotecaria muchos años del Instituto de Literatura y Lingüística; pero era un libro, digamos que el primero que se hacía sobre la Universidad del Aire de principios de los años 2000 para presentarla con una breve introducción, una panorámica, algunas conferencias y una lista al final de todos los cuadernos y los autores. Pero bueno, no había habido nada más. Pensé que debía ser conocido por el público porque fue una institución de un alcance tan grande en su momento, no solo nacional sino internacional y de un calado tal que debía tener un mayor realce y una mayor difusión.
2- ¿Cómo fue el proceso de rastrear documentos, voces y testimonios sobre un proyecto tan antiguo y, a la vez, tan influyente?
Sucedió entonces que en el año 2022, coincidiendo con el aniversario 100 de la radio cubana, el Instituto de Información y Comunicación, en aquel momento ICRT, convocó a un concurso donde también se podían enviar investigaciones. Yo había terminado mi investigación en 2018. Estaba en diferentes archivos, había sido consultada, pero solo por personas interesadas en la historia de la educación, de la radio y en la historia de Cuba, en Pedagogía, pero no había tenido la difusión que yo pensaba que debiera tener la institución. Envié la tesis de doctorado a este concurso, obtuvo el primer premio que era precisamente publicarla. Fue una gran alegría porque era parte de lo que siempre había pensado que pudiera llegar a muchísimas personas. Por supuesto, el libro no es la tesis exactamente, tiene un altísimo por ciento de ella, pero reúne más información que aporta al conocimiento de la Universidad del Aire.
3 ¿Qué lugar ocupa Universidad del aire dentro de la tradición educativa de la radio cubana?
La Universidad del Aire, yo siempre la consideré como una institución en sí misma. Hubo universidades del aire anteriores, incluso con ese nombre. En Australia y sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra, y los países que fueron pioneros en la radio. También en otras partes de Europa, en Alemania. Pero eran programas que hacía la universidad, o sea, las grandes universidades de esos países, o colegios u otras instituciones educativas, se daban cuenta que había una necesidad de llevar la educación a otras personas, y utilizaban la radio para eso. Entonces, realmente era educación a distancia, solo que se utilizaba la radio. Como mismo se hizo por correspondencia en determinado momento, y después con la televisión, la educación a distancia se hizo a través de programas televisivos, pues aquí se hacía por radio. Pero reitero, partía de la universidad, de la institución docente hacia la radio. Incluso se ubicaba en determinados horarios en las aulas, y esos horarios se sintonizaba la radio, y bueno, podía darse la clase donde no había maestro, en caso de los colegios y otras instituciones. Pero lo peculiar de la universidad del aire es que surge como propuesta desde la radio para suplir las carencias de la universidad. En aquellos momentos, tanto en 1932 cuando surge, como después de 1949, cuando reabre sus puertas esta universidad del aire, la única que había, la Universidad de La Habana, tenía carencias importantes, y la universidad del aire surgió para suplir de alguna manera eso. Pero además, el principal objetivo de Jorge Mañach, que fue el creador de la universidad del aire, era llevar los grandes temas que se daban en la universidad, que muchas veces el público estaba lejos de ellos, a toda la población. Por tanto, también la considero una institución de cultura. Entonces, dentro del universo educativo cubano, y desde la radio educativa, y de los programas educativos, la universidad del aire ocupa un lugar primerísimo porque fue posiblemente el primero que tuvo esta regularidad. Hubo programas educativos en la radio cubana, en la República, de diferentes carácteres, de diferentes calidades, pero los hubo. Ahora, la universidad del aire fue el único programa que tuvo objetivos educativos y culturales bien claros. Fue el único que estuvo emitiendo cuadernos, porque los profesores venían, decían las conferencias, y después esas conferencias se publicaban en cuadernos para que las personas pudieran leerla, y la financiaba muchas veces la misma CMQ. Por allí pasó lo mejor de la intelectualidad cubana. Estoy hablando de nombres como Fernando Ortiz, Emilio Roig, Roberto Fernández Retamar, Medardo Vitier. Tenía una peculiaridad, y es que durante muchos años estuvo el público en el estudio, o sea, terminaba la conferencia el conferencista y debatía con el público. Esa fue una de las grandes riquezas de esta universidad. También fue una universidad inclusiva, porque allí se aceptó a personas de todas las tendencias políticas, de todas las tendencias religiosas. Tú podías tener, por ejemplo, en una misma emisión, un día, una primera conferencia de Martín Lutero, dicha por un pastor protestante, y después una conferencia de Ignacio de Loyola, dicha por un sacerdote. Esas dos personas estaban juntas en una misma mesa, dialogaban con el público, y había respeto. Para mí fue el programa educativo de mayor calado que ha tenido Cuba.
4- ¿Cómo dialogan en este libro tu experiencia como realizador radial y tu mirada como investigador?
Mi mirada como realizador radial fue muy importante porque hay detalles que no estaban escritos. Eso es lo primero, que yo no los puedo afirmar ciento por ciento. Pero de tantos años de estar en una cabina, de tantos años de saber cómo funciona la radio, aunque esté a una distancia tremenda de aquella radio, había detalles que yo podía entender. Cuando me pongo a revisar la papelería de Jorge Mañach que está en el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba y leí sus cartas y los intercambios que tenía con los investigadores, con las personas que invitaba y cómo las invitaba. Le sucedía lo que nos ha pasado a todos, que lo dejaban «embarcado», como decimos en buen cubano, que decía para este domingo va a estar fulano de tal. Dos días antes le escribía «me da pena contigo pero no puedo»; y entonces a esa hora Jorge Mañach tenía que mandarse a correr o dar la conferencia él y eso nos ha pasado a todos los realizadores de radio que hemos tenido un invitado y de buena primera nos deja, no viene, y a esa hora cómo tú sustituyes eso. Detalles como eso, eso es lo primero. Segundo, por el amor a la radio que le tengo, por saber la importancia que es para la radio ser también una institución de cultura, una institución educativa y a la vez una institución que recree. Eso me permitió calar mucho mejor en la importancia de la universidad del aire y sobre todo entender algo esencial. Durante muchos años el circuito CMQ en Cuba estuvo digamos que mal mirado, mal mirado porque se le aplicó una mirada desde lo político, desde lo ideológico, en momentos muy duros de confrontación, los años 60, los años 70. Ya hoy a la vuelta de todos estos años donde ya quizás todo ha cambiado, ya las miradas se van flexibilizando, los ánimos se van calmando. Entonces ese, el haber estado tanto tiempo en la radio me permitió entender también la importancia de que una emisora comercial, porque el circuito CMQ era una empresa liderada por uno de los empresarios más grandes que ha dado América Latina que fue Goar Mestre. Está considerado el padre de la televisión privada en América Latina. Pues bueno, ¿qué importancia que una emisora comercial decidiera emplear una hora de su tiempo, una hora que valía dinero para emitir un programa educativo y cultural? Que una emisora haga eso, te das cuenta lo que estaba diciendo del dueño de la emisora también, de la importancia que le daba a eso, porque lo financiaba, o sea, la emisora era quien financiaba esa hora. Entonces creo que todos esos detalles como realizador me permitieron comprenderlo, la manera en que se hacían los libretos, o sea, la calidad que tenían las presentaciones. Eso como radialista me ayudó mucho también a entender la radio y claro, la mirada como investigador se unía a eso, porque a la vez que yo iba, digamos que apreciando y me iba enamorando de ese programa de radio. Como investigador, entonces podía ver detalles, ver datos, quizás a veces que pasaban aparentemente sin importancia, porque soy radialista y sé el peso que puede tener en una emisión de radio.
5- ¿Qué aprendizajes personales te dejó reconstruir esta historia?
Aprendizajes personales me dejó muchísimos. El primero es el saber que la radio cubana es de una tradición educativa y cultural que todavía no se ha investigado suficiente, todavía es casi desconocida. Segundo, que durante muchos años se criticó muchísimo a la radio comercial cubana, pero que esa radio comercial también fue una radio que llevó cultura, que llevó educación, que hizo mucho por la sociedad. Otro aprendizaje fue que este amor que nosotros sentimos por la radio, esta vocación que tenemos hoy en día por la radio, las personas que nos dedicamos a ella, viene desde 1920. Y desde 1922, cuando se inaugura la 2LC, siempre hubo muchísimas personas que trabajaron para la radio sin pensar ni en cobros, ni en popularidad, ni en nada, por trabajar, por el amor a la radio, por lo que la radio podía llevar a las personas y lo que podía aportarle. Entonces, eso es un aprendizaje, saber que venimos de una larga historia de amor y de entrega y lo más importante es que hay que aprender a valorar los hechos históricos en su contexto. No se pueden descontextualizar nunca. Además la importancia que sigue teniendo que la radio nuestra defienda lo educativo y lo cultural.
6- ¿Quienes te apoyaron en este camino?
En este camino me apoyaron muchísimas personas. Mi familia, mi esposa, mi hijo, mis padres, mis tíos y primos de todas las orillas. Hubo algo muy curioso. Cuando defiendo la tesis, mis dos abuelos habían fallecido. Pero yo lo digo así en las dedicatorias, en los agradecimientos a mis abuelos guajiros, porque no me apoyaron directamente en la tesis, pero ellos resguardaron para mí lo mejor del alma de la República. Lo mejor de ese periodo de 1902 a 1958, que fue la decencia, el valor de la palabra dada, el hecho de que personas semianalfabetas fueran personas de tanta valía, de tantos valores, de tanta seriedad y de tanto amor. Entonces, ese apoyo siempre lo tuve. Yo crecí a la sombra de la república, escuchando todas las historias, El Derecho de nacer, de Tres Patines, de los turrones de Gijona y Alicante, en Nochebuena, de los Reyes Magos, pero de todo lo que sucedía en mi pueblo y que sucedía en el país, porque mi abuelo viajaba a todo el país. Entonces, cuando entré a hacer la tesis, entraba en un territorio que me era muy familiar y eso lo voy a agradecer siempre, porque me ayudó a verla con ojos diferentes a los que me habían enseñado en la escuela, por ejemplo. Fue muy importante el Instituto de Historia de Cuba, porque ellos descubrieron algo importante. Cuando empiezo a hacer la tesis vi que casi toda la bibliografía que yo consultaba, lo poco que se había escrito de la Universidad de Aire, decía que se había terminado en 1952. Resulta que ese año se dejaron de publicar los cuadernos. Por lo tanto, ya no había testimonio escrito, pero no se sabía de esas conferencias. El Instituto de Historia de Cuba encontró los discos originales en sus fondos bibliográficos. Me llamaron a mí para que los ayudara a organizar aquello, a decantar lo que había y lo que no había, escribir sobre eso. Eso me permitió escuchar primero las voces de todas aquellas personalidades que yo solamente había leído y segundo, rescatar aquellos audios que duraron hasta 1960. Fue un intercambio porque ellos pidieron todo aquel material y yo les ayudé a organizarlo, a difundirlo a nivel internacional. La verdad que fue un apoyo muy grande. Hay personas que tengo que mencionar obligatoriamente porque me ayudaron muchísimo. A Vilma Castillo que hoy es directora del programa de nuestra emisora, cuando aquello era subdirectora. Fue de las personas que más me apoyó, que más creyó en mí. Incluso en momentos cuando yo dudaba que pudiera llevar al final esa investigación, Vilma me ayudó. Jorge Luis Lazo también, Cari Quintana. La lista sería grande, pero la tesis lo digo, que es un agradecimiento a todas las personas que de alguna manera me abrieron las puertas y el apoyo para terminar esta investigación.
7- ¿Qué le dirías a los jóvenes realizadores o estudiantes de comunicación que desconocen este capítulo de la radio cubana?
Les diría que la radio es muy linda. Eso es lo primero. Que si decides seguir ese camino, te va a hacer muy feliz con sus pros, con sus contras, con sus obstáculos, como todos los caminos, pero también con sus grandes satisfacciones y te va a hacer muy feliz. Ah, y hay que estar preparado porque la radio te atrapa, te atrapa siempre y a mí me atrapó y es de lo que siempre voy a agradecer que la radio ya casi 30 años me haya atrapado por tanto tiempo porque me ha hecho muy feliz. Que conozcan su historia, es muy importante saber de dónde vienes y saber que muchas de las cosas que quizás pueden parecer novedosas en estos momentos ya se hicieron. Y lo que se podría retomar, que se hizo en algún momento en la radio de la República y que dio un muy buen resultado, podría volver a dar resultado trayéndolo al presente con todas las características, pero sería una práctica que podría dar resultado. A los jóvenes estudiantes tanto de comunicación social como de historia también que investiguen la historia de la radio cubana. Si tú miras todo lo que se ha hecho en Cuba sobre la historia nuestra, es grande lo que se ha investigado y amplio, pero la radio sigue siendo una de las áreas menos vistas, menos visibilizadas por la historiografía cubana en todos los ámbitos. Entonces es muy importante seguir buscando. En este libro, una de las cosas que incluyo es un grupo de programas de diferentes emisoras que pudieran haber sido programas educativos. Algunos sí comprobados y otros solo de los cuales tengo indicios. Podría hablarse de una historia de la educación desde la radio en sentido general. Eso no está investigado. Tampoco cómo ocurrió la comunicación desde la radio en la República. Se ha investigado mucho los espacios dramatizados, sobre todo la radionovela. Entonces es algo que queda pendiente. Yo estoy muy feliz por este libro porque como persona, investigador y radialista es un reconocimiento a tantos años de trabajo, sobre todo porque voy a poder llevar al público cubano.

8- ¿Qué emoción te acompaña al presentar este libro en el Sábado del Libro?
Me acompaña una emoción muy fuerte porque pensé primero en mis abuelos, en cómo les hubiera gustado poder ver este producto de una etapa que ellos crecieron y de la que siempre estuvieron muy orgullosos de haber vivido en la República. Me acompaña la emoción de pensar en Jorge Mañach. Hubiese estado muy feliz de que 70 y tantos años después de haber empezado la Universidad del Aire, la segunda etapa que fue el 49, pudiera estar hoy alguien difundiendo esta institución. Entonces, eso me emociona realmente. Y sobre todo, el legado de tantas personas que están ahí, de tantas personas que nunca más supimos de ellos porque su obra fue, digamos, después en un sentido diferente al sentido que llevaba Cuba después de 1959. De esas personas nunca más se habló, pero desarrollaron una obra fuera de Cuba y ese legado también va a estar presente ahí. Sobre todo, el legado de Goar Mestre, el dueño principal del circuito CMQ, que también se le criticó mucho y creo que nunca se fue justo en los criterios que se emitieron de él. Es muy importante dar a conocer una parte de la historia de la radio cubana y que ha sido la educación desde la radio en Cuba. Yo creo que eso es lo que más me emociona, poder dar a conocer eso y ojalá a las personas les guste y decidan seguir investigando porque aún queda mucho más por investigar.
La publicación de ¡Silencio! La Universidad en el Aire es un homenaje a Jorge Mañach y a los intelectuales que dieron vida a aquel proyecto. Es un recordatorio de que la radio cubana ha sido, desde sus orígenes, un espacio de cultura, educación y diálogo. Hernán Yglesias Villar nos invita a mirar atrás para comprender mejor el presente y a rescatar una tradición que aún tiene mucho por aportar.

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