De ser un pueblano jugador de bolas, empinador de papalotes, Fidel Muñoz Hernández es hoy uno de los prestigiosos campesinos del Ariguanabo. Desde la finca La Felicia, ubicada en el kilómetro 3 y medio de la Carretera de Vereda, aprovecha las potencialidades de los suelos ferralíticos rojos para impulsar la agricultura y potenciar la piscicultura o siembra de peces.Tilapias, clarias y alevines habitan en los estanques creados por Fidelito, como todos le llaman, los cuales pretende ampliar en próximos meses.«Tenemos 48 mil 800 tilapias de aproximadamente media libra o un poco más y 18 mil clarias que tienen cerca de 5 libras (lb). La alimentación se logra con la mezcla de boniato con vísceras de cerdos que se lavan bien y se cocinan. También empleamos los restos de los que vamos pescando, lo procesamos y hacemos una harina de pescado», explicó.

«El proyecto es llegar a tener 200 mil clarias. Si logramos esa cantidad al cabo de 6 meses estaremos sacando 600 mil libras de pescado. San Antonio de los Baños tiene 50 mil habitantes y de esta manera podremos montar un ciclo y vender a cada habitante al menos 15 lb de pescado».

Hasta su propiedad llegan personas que padecen de diversas enfermedades en busca de clarias, una especie que sabemos puede vivir en lugares no adecuados y hace desconfiar para su consumo. En La Felicia las encuentran, dijo, y se la llevan, no le cobramos, muestra del espíritu sensible de los cubanos.

Las plantas, el plato fuerte de La Felicia

La variedad y distinción de las plantas ornamentales que se cultivan en el vivero de La Felicia le han dado notoriedad a Fidel Muñoz durante años. Tiempo atrás exportaba disímiles especies a través de la Empresa Tropiflora. Hoy espera por la materialización de otro proyecto para ello.

No obstante, empresas de la provincia, escuelas y otros centros adquieren ejemplares de estas plantas para embellecer el entorno donde están enclavadas.

«En estos momentos en el vivero hay 59 variedades, entre ellas crotos, marpacíficos, buganvilias, dracena roja, antelmo, califa y otras. Sembramos también 11 variedades de plantas medicinales como tilo, yerbabuena y jengibre.

 

«Pretendemos incorporar en el kiosco móvil la venta de plantas medicinales y aromáticas como orégano, tilo, yerbabuena, espinacas ya sembradas en macetas para facilitar a los compradores», adelantó Muñoz Hernández.

¿Un kiosco móvil?

El organopónico «El Cordován» de Fidel Muñoz, a la entrada de su finca, produce lechuga, rábano, espinaca, acelga, cebollino y otros, sin el empleo de fertilizantes químicos. Para ello desarrolla la lombricultura como materia orgánica y utiliza las lombrices para alimentar a los alevines pequeños.

Los cultivos que se obtienen en esta porción de su finca, unidos a otros que juntan los productores de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Reinando Pérez forman parte de la iniciativa del kiosko móvil que desde hace varios meses circula por los consejos populares de San Antonio.

«Los productores tenemos excedentes en las cosechas que no es factible llevarlo a Acopio porque son menores cantidades. Estos vienen directo desde el campo y de ahí al pueblo, no pasan por ningún encadenamiento. Podemos darlo un poco más barato y es asequible a todos», señalo Fidelito, quien ostenta la Quinta Excelencia Nacional del Movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar.

Unido a la cría de peces, los puercos de capa oscura, el organopónico, la siembra de frijol, maíz y garbanzo, correspondientes a la campaña de primavera en La Felicia pronto funcionará una minindustria.

«A veces se nos pierden productos como el mango y la guayaba, y a medida que pase el tiempo podemos desarrollarla hasta tener encurtidos, vinagre e incluso el pescado. Empezamos con las viandas fregadas, envasadas en nailon y  frutas peladas que han tenido muy buena aceptación. Queremos en el futuro establecer un punto de venta de jugos naturales», destacó.

Pero ahí no queda la cosa, como dicen los guajiros. En la zona de la Laguna Ariguanabo se consumía ranas toro en época de antaño, recordaba Fidelito de sus tiempos de adolescente. «Antes en la laguna se pescaba cantidad pero se fueron extinguiendo. Lo primero es empezar a reproducir para tener un pie de cría y después comercializarla en los hoteles y en el proyecto Mariel», precisó. Las condiciones están creadas para montar las camadas.

El compromiso está latente

Las 1,27 hectáreas que forman La Felicia contribuyen a la soberanía alimentaria. Es cierto que el esfuerzo de uno no alcanza para abastecer a todos, pero sirve de ejemplo para que otros aprovechen la tierra, esa que durante 37 años ha sido aliada de Fidel Muñoz.

Atrás quedo el papalote y las bolas que lo acompañaron durante sus años de niño y adolescente. Hoy es un guajiro comprometido con su familia y consciente de que en medio de dificultades hay que buscar alternativas para producir alimentos.

«En el campo siempre hay que hacer todos los días, hay que desyerbar, limpiar cercas, guataquear cuando no llueve, hay que sembrar…

«Este es el logro de muchas personas que han pasado por aquí, me toca a mi representarlas. Esto viene siendo como una continuidad y ahora mi hijo quiere estudiar Ingeniería Agrónoma, manifestó confiando en que el futuro está asegurado.

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