Faltan pocos días para que suene de nuevo el timbre en nuestras escuelas. El próximo primero de septiembre, los educandos ariguanabenses volverán a llenar de vida los pasillos de los centros docentes. Pero este regreso, como bien sabemos, es sin dudas, un reto que convoca a toda la sociedad cubana: a docentes, a estudiantes y, de manera muy especial, a la familia.
El contexto en que se desarrolla este curso escolar 2026-2027 es complejo. Nuestro país vive severas limitaciones materiales y energéticas, producto del recrudecimiento de la política de máxima presión y hostigamiento del gobierno de Estados Unidos. Una guerra económica sin cuartel que afecta cada esfera de la vida, y la educación no es la excepción. La economía familiar se tensa para garantizar útiles, de vestimenta y calzado en medio de la inflación y la escasez. Es una realidad que enfrentan nuestras familias con el ingenio y la solidaridad que las caracteriza.
A esto se suman los retos propios del sistema educacional. Si bien se ha reducido el déficit de docentes respecto a años anteriores, persisten carencias en asignaturas clave. Es un desafío que nuestros maestros y profesores asumen con entrega y profesionalidad, conscientes de que están formando a las futuras generaciones.
 Por eso se ha hecho un llamado al esfuerzo común, al concepto de que la educación es un derecho constitucional y una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias y la comunidad.
Se han flexibilizado aspectos como la doble sesión y los horarios, reconociendo las dificultades que existen. Se buscará una atención personalizada a los educandos en situación de vulnerabilidad. Se ha trabajado intensamente en el acondicionamiento de los planteles, con el apoyo de educadores, trabajadores, familias .
Retomar el curso escolar en Cuba es, sin dudas, un desafío. Pero es un desafío que enfrentamos con la voluntad firme y la unidad que nos caracteriza. Es el desafío de los maestros que, a pesar de las carencias, se entregan cada día en las aulas. Es el desafío de las familias que, con sacrificio, garantizan el uniforme y los útiles de sus hijos. Es el desafío de los estudiantes, que con su entusiasmo y ganas de aprender, son la razón de ser de todo este esfuerzo.
Porque, como dijera el Héroe Nacional José Martí, la educación es el único camino hacia la libertad. Y en Cuba, a pesar de todas las dificultades, ese camino se recorre con la frente en alto. Este primero de septiembre, la fiesta está asegurada. La educación, como siempre, será una victoria.
Maybeline Matamoros Álvarez
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