Monchi es un artista y cosmetólogo de San Antonio de los Baños, que une talento, humildad y vocación social. Su trayectoria, llena de sacrificios y logros, lo ha convertido en un referente local. Hoy repasa su camino en el mundo de la belleza.
¿Cómo comenzó tu vínculo con la belleza?
Un día, en la parada de Coppelia, me encontré con Riguito, masajista del Conjunto Folklórico Nacional. Él me animó a hacer un taller en la Editorial de la Mujer, en Galeano, lo hice y duró solo cuatro días, pero fue mi base. Luego empecé a dar cursos de maquillaje artístico, peluquería integral y barbería.
Después vino tu formación formal en el Mincin. ¿Qué recuerdas de aquella etapa?

El día del examen, el jurado me dijo que, por mis habilidades, no me examinaría, sino que formaría parte del jurado para evaluar a mis propios compañeros. Fue un compromiso enorme, y bien difícil pues tendría que evaluar a compañeros con los cuales compartí viajes en tren hacia la Habana, un pan a la sombra de un árbol en un parque cualquiera, pero lo asumí con dignidad y todo, gracias a Dios salió bien.
Al mes me propusieron ser profesor adjunto y surgió un un curso de belleza, conveniado con el Ministerio de Educación. Me sumé como profesor y, a la vez, los docentes nos matriculamos. A los dos años y medio nos graduamos como técnicos medios. No fui a mi graduación por la emoción que sentía pero fue un logro inmenso que aún recuerdo.
Luego vino la reapertura de Bella Caribe Internacional. ¿Cómo fue ese desafío?
Nos encargaron reabrir la escuela, que estaba cerrada y deteriorada. La remozamos y abrimos la matrícula con un curso superior de cosmetología. Cada seis meses se cursaba una asignatura distinta. Al final, alumnos y profesores obtuvimos el título de cosmetólogos. Trabajé allí unos siete u ocho años.
Con esa preparación, llegaste a trabajar con grandes figuras de la cultura cubana.
Sí, tuve el privilegio de embellecer a Rosita Fornés, Fara María, Lourdes Torres, Natalia Herrera. Fue uno de los méritos más grandes de mi carrera, una etapa que me marcó profundamente.
¿Por qué decidiste regresar a San Antonio y qué haces actualmente?
La situación en La Habana se puso difícil con los viajes y la alimentación. Volví a San Antonio, trabajé en instituciones culturales y di clases en el centro mixto Batalla del Jigüe y luego en la escuela del antiguo Federico Engels. Actualmente doy cursos de belleza auspiciado por la Federación de Mujeres Cubanas, que duran de tres a cuatro meses. Además, ofrezco servicios gratuitos en la casa de los abuelos y en el centro de acogida Quisicuaba. Donde me necesiten, ahí estoy. Es mi forma de retribuir lo que la vida me ha dado.
Monchi es un ejemplo de superación constante y de compromiso con su comunidad. Su historia demuestra que el verdadero arte no solo embellece, sino que también transforma y acompaña a quienes más lo necesitan. Una lección de humildad y servicio que trasciende cualquier escenario.
Yely Pupo
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Por Yely Pupo

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