Al despertar muchos encienden sus radios y también la memoria. Porque la Radio Cubana cumple 104 años, y estas cifras no son solo tiempo: son historia, resistencia, son la voz que ha acompañado cada despertar en esta Isla.

Una fecha que la historia oficial reconoce como fundacional, y que nos obliga a mirar hacia atrás, hacia aquellos primeros destellos sonoros que cambiaron para siempre la forma de sentir y entender a Cuba.
Fue en 1922, en los albores de aquella República, cuando el músico y mambí Luis Casas Romero —junto a sus hijos— logró lo que parecía un sueño de ciencia ficción: establecer las primeras transmisiones sistemáticas, públicas y sostenidas en el país. Aquellas ondas no fueron un simple experimento técnico. Fueron el alumbramiento de una institución cultural, el bautizo de una trinchera de ideas.
Pero el entusiasmo, la audacia y la creatividad de los pioneros no se quedaron en La Habana. En Caibarién, donde desde 1917 —cinco años antes— el asturiano Manolín Álvarez, técnico autodidacta, visionario sin más manual que su obsesión, ya realizaba transmisiones experimentales que dejaban boquiabierta a la audiencia local. Su contribución temprana consolidó el papel de la radio como el nuevo vecino que entraba a la sala de cada hogar.
Lo esencial, lo verdaderamente trascendente, fue el impulso inicial de aquellos fundadores. Esos primeros intentos en la primera década del siglo XX sentaron las bases de una huella profunda en la comunicación nacional.
La radio se convirtió en trinchera. Fue la elegida por voces como las de José Antonio Echeverría, Eduardo Chibás… y el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, como herramienta clave en la lucha ideológica y revolucionaria.
También fue tribuna para el arte. Las grandes voces, los compositores, los actores, los cuentistas encontraron en el micrófono el espacio ideal para consolidar un sentido de identidad, de conciencia popular y de pertenencia. Testigo y protagonista de sucesos históricos de trascendencia nacional, la Radio conectó a los oyentes con el entorno local, nacional e internacional, reflejando cada etapa de la vida del país desde múltiples visiones a través del tiempo.
Tal vez el momento más definitorio, el que le dio su verdadera vocación pública y comunitaria, llegó con la visión fidelista de la «gran Radio Rebelde». Tras el triunfo revolucionario de 1959, la radio cubana encontró su misión esencial: formar en valores, cultura, historia y educación.
Y hoy, más de cien emisoras integran el sistema radial cubano. Desde la capital hasta el más recóndito paraje, la radio sigue siendo ese hilo invisible que teje la nación.
Celebremos estos 104 años como legado vivo de aquellos primeros sueños sonoros que, hace más de un siglo, hicieron posible un sonido para ver en cada hogar cubano.
Maybeline Matamoros Álvarez
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