La Habana despidió en 1988 a uno de los nombres esenciales de la pintura cubana del siglo XX. Marcelo Pogolotti, fallecido en esta ciudad y sepultado al día siguiente, dejó tras de sí una obra marcada por la sensibilidad, el compromiso y una mirada profundamente vinculada con la realidad de su tiempo.
Considerado el último representante de la llamada Generación del VEINTE, Pogolotti fue mucho más que un pintor: fue testigo y cronista de una época. En sus lienzos convergen las transformaciones sociales, la vida cotidiana y las inquietudes del hombre moderno, expresadas mediante un lenguaje plástico propio.
Su partida cerró un capítulo importante de las artes visuales cubanas, pero no silenció su obra. Cada cuadro, cada trazo y cada recuerdo asociado a su trayectoria mantienen vigente el legado de un creador que supo convertir el arte en memoria.
Hablar hoy de Marcelo Pogolotti es acercarse a una parte esencial de la cultura cubana. Su nombre permanece como símbolo de una generación que buscó nuevas formas de expresión y que contribuyó a construir la identidad de la pintura moderna en Cuba.
Últimas entradas de Erica De la Nuez (ver todo)
- Memoria de un artista imprescindible - 26 de agosto de 2026
- Más que un recurso el agua es la esencia de nuestro futuro - 23 de agosto de 2026
- Una responsabilidad de todos - 18 de agosto de 2026

