Un buen líder no se limita a dar órdenes; su verdadera función es crear las condiciones para que el trabajo salga bien. Cuando un jefe guía con claridad, explica el porqué de las tareas, escucha a los trabajadores y resuelve los obstáculos que ellos no pueden resolver solos, la calidad del trabajo mejora de forma natural. En cambio, cuando solo manda sin acompañar, el resultado se vuelve mediocre aunque la gente tenga buena voluntad.
En el caso de un líder gubernamental, esa responsabilidad es aún mayor, porque no se trata solo de dirigir una empresa, sino de acompañar al pueblo. Eso significa estar presente en los lugares donde la gente vive y trabaja, no solo en reuniones y oficinas. Un dirigente que camina las comunidades, que visita los centros de trabajo y que escucha los problemas reales de la población, puede tomar mejores decisiones y lograr que las soluciones lleguen de verdad.
En San Antonio de los Baños esto tiene un significado concreto. Es un municipio donde la agricultura, especialmente el tabaco, y otras actividades productivas dependen del esfuerzo diario de los trabajadores. Cuando los dirigentes locales y gubernamentales se acercan a los centros de trabajo, a las fincas y a los barrios, los trabajadores sienten que su esfuerzo es reconocido y que los problemas se atienden.
El acompañamiento demuestra que un líder gubernamental debe estar donde están las dificultades, no esperar a que los problemas se resuelvan solos.
Un jefe o líder que acompaña, que orienta y que está presente logra que el trabajo salga mejor. Y si ese líder es gubernamental, su deber es estar siempre junto al pueblo, especialmente en municipios como San Antonio de los Baños, donde el progreso depende de que la dirección y los trabajadores caminen en la misma dirección.
Dayamí Tabares Pérez
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