Cada año el mes de octubre, el mundo se detiene un instante para recordar un tesoro silencioso: la luz que habita en nuestros ojos. Celebramos el Día Mundial de la Visión, una jornada que la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera nos regalan como un recordatorio estremecedor: la mayoría de las cegueras pueden evitarse.
Las cifras son heridas abiertas. Más de 2.200 millones de personas viven con algún grado de deterioro visual. Y lo más doloroso: en al menos 1.000 millones de esos casos, la oscuridad pudo haberse prevenido o aún espera tratamiento. Tras cada número hay un niño que no logra descifrar el pizarrón, una madre que no reconoce el rostro amado, un abuelo que ha dejado de leer, un trabajador que perdió su sustento. Tras cada número hay un sueño que pudo seguir brillando.
Este año, la campaña global nos invita con un lema que late como un verso: “Ama tus ojos”. Porque ver no es un privilegio, es un derecho. Ver es aprender, es trabajar, es abrazar, es caminar con dignidad por los senderos del mundo.
En todos los rincones del planeta florecen gestos de esperanza: en Bangladesh, una inversión de 130 millones de dólares promete ampliar los servicios de atención ocular; en Estados Unidos, organizaciones como Prevent Blindness ofrecen exámenes gratuitos y defienden la salud visual infantil; en Guatemala, las autoridades se suman al mismo canto de amor por los ojos. Son pequeñas semillas que, juntas, germinan futuros más claros.
Pero los expertos nos advierten de un nuevo enemigo silencioso: las pantallas. El exceso de tiempo frente a ellas multiplica la miopía y la fatiga visual en niños y adolescentes. La receta es sencilla y poderosa: descansar la vista, mirar al horizonte, jugar bajo el cielo abierto, y acudir con regularidad al oftalmólogo. Porque cuidar los ojos de un niño hoy es custodiar la mirada de toda una generación mañana.
Hoy, Día Mundial de la Visión, el llamado es uno solo y nace del corazón: amemos nuestros ojos, protejamos la vista de quienes amamos. Porque cada mirada que salvamos es un futuro que se ilumina, un mañana que se abre como aurora.
Yely Pupo
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