La reparación de Radio Ariguanabo, realizada entre 2011 y 2013 fue un proceso humano, colectivo y transformador. Así lo recuerda Vilma Castillo, una de las directivas que condujo aquel esfuerzo. “Nosotros comenzamos una reparación muy necesaria para la emisora”, afirma, y enseguida describe el estado en que se encontraba. “El techo de la emisora era de tejas y estaba en malas condiciones”. Ese deterioro no solo comprometía la seguridad, sino que impedía cualquier posibilidad de crecimiento. “Ganamos en que se pudo hacer toda una placa y un segundo piso para disponer de nuevos locales”. La construcción de ese segundo nivel cambió por completo la vida interna de la emisora. Vilma lo explica con claridad. “Esto creó unas condiciones humanas mejores, porque ya había un mejor confort”. Con el nuevo espacio se pudo crear un teatro que resolvió una necesidad. “Ya podíamos reunirnos, se podían dar los cursos porque teníamos que estar solicitando locales prestados”, recuerda.

La ampliación de los estudios permitió mejorar la calidad técnica y operativa, y se construyó la trampa de los locutores, un elemento indispensable para garantizar la acústica. También se remodeló la cabina de transmisión. Uno de los problemas que había era el hacinamiento de los periodistas. “Nuestros periodistas no tenían local donde trabajar. Era un espacio muy pequeño donde está hoy la Sala 500, y ahí trabajaban 10 periodistas”.

La solución llegó con la entrega del anexo contiguo, una pequeña casa que fue incorporada a la emisora. “Se nos dio ese local, se reparó y ya los periodistas tenían donde trabajar”, explica. Ese cambio mejoró la comodidad y permitió reorganizar la producción informativa y elevar la calidad del trabajo diario.

La reparación también permitió crear espacios básicos que antes no existían. “Se logró un baño, un espacio para los custodios, pero además algo muy importante, un pantry para la emisora”, detalla Vilma. Se ganó un patio y se reorganizó el área de economía, trasladándola hacia la parte trasera de la emisora. Se habilitó un local para el grupo electrógeno y se enrejaron las puertas por cuestiones de seguridad. “La emisora quedó con medidas de seguridad que exigían también otras entidades como los bomberos”, explica, subrayando que la obra no solo embelleció, sino que también cumplió con normas técnicas indispensables.

Uno de los elementos más singulares del proceso fue la participación directa de los trabajadores. “Todo esto se hizo con la colaboración de los trabajadores, porque todos trabajamos en la construcción”, afirma Vilma. Locutores, periodistas, técnicos y administrativos se sumaron a las labores constructivas, demostrando un sentido de pertenencia que marcó la diferencia. A pesar de la magnitud de la obra, la emisora nunca dejó de transmitir. “La cabina estuvo donde hoy está la escalera, que era la dirección y en la fonoteca. Pasó por varios lugares en la medida que se iba construyendo”, relata. Esa decisión de no detener la programación extendió el tiempo de la reparación, que duró aproximadamente dos años.

El resultado final sorprendió incluso a visitantes de otras provincias. Vilma recuerda que durante un festival en Villa Clara, una delegación llegó a la emisora y quedó maravillada. “Decían que parecía una maqueta de una emisora de radio, porque quedó muy bonita, pero además muy práctica”.

El inmueble que ocupa Radio Ariguanabo, que antes fue compañía telefónica y desde finales de los años 70, se estableció nuestra planta radial, a partir de su reconstrucción se sintió más cómodo y seguro. Nació en esa etapa de esfuerzo colectivo, en los que cada bloque y cada cable se colocaron sin detener la voz que diariamente llegaba a su audiencia.

Adian Acevedo González
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