El ariguanabense es un persona que se distingue por su calidez humana. Y en esa calidez, hay un espacio propio para la enseñanza especial. Es en nuestra escuela especial, que hoy se prepara para abrir las puertas a un nuevo curso escolar, dónde se forja el alma inclusiva de nuestra sociedad, un alma que no concibe dejar a nadie atrás, y aprovecha sus capacidades.

La escuela especial «17 de Abril» es un ejemplo vivo de esta batalla diaria por la inclusión. Allí, estudiantes desde el nivel primario hasta el secundario reciben atención y acompañamiento de un colectivo pedagógico con diversas habilidades: manualidades, artesanías, tejidos, origami, enseñanza adaptada, y un personal de excelencia comprometido con su educación.

El principal diagnóstico que atiende es la discapacidad intelectual, pero también incluye a estudiantes con baja visión, trastorno del espectro autista u otras condiciones. Conviene recordar que la discapacidad es una característica más entre las muchas que poseemos, no lo único por lo que se nos debe llamar o definir a una persona por ella.

Esta comunidad educativa integra a la familia, a la Dirección Municipal de Educación, a la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual y hasta a instituciones cristianas y fraternales, lo que demuestra un trabajo en red que fortalece el proceso formativo.

La enseñanza especial es una de nuestras grandes fortalezas, y San Antonio de los Baños no es la excepción. Es la muestra fehaciente de que el proyecto educacional cubano, nacido con la Revolución y que nos declaró «Territorio Libre de Analfabetismo», ha sabido evolucionar para atender las necesidades más complejas. No se trata solo de alfabetizar; se trata de educar en la diversidad, de construir un mundo donde cada niño, sin importar sus limitaciones, tenga un lugar y una oportunidad.

Cada maestro, cada trabajador de estas escuelas, es un artífice de sueños. Ellos demuestran que educar es, ante todo, un acto de amor y de fe en el ser humano. Y en Ariguanabo, ese amor se multiplica cada día en las aulas de la «17 de Abril», donde la inclusión no es una palabra bonita, sino una práctica cotidiana que transforma vidas.

Maybeline Matamoros Álvarez
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