El Ariguanabo guarda en la memoria histórica el paso del Generalísimo Máximo Gómez, figura cimera de las guerras de independencia, quien estuvo vinculado en varias ocasiones con nuestra Villa. Su presencia dejó huellas de tensión, fervor patriótico y también de homenaje popular.
La primera vez que Gómez pisó suelo ariguanabense fue el 16 de febrero de 1896, cuando acampó en la encrucijada de Alquízar con sus fuerzas, provocando alarma entre las autoridades coloniales. El ayuntamiento, presidido por José María Pérez Capote, debatió cómo enfrentar la posible entrada de los insurrectos, pero ese mismo día el alcalde lo destituyeron por presión de los voluntarios españoles. Mientras tanto, los vecinos fueron obligados a cavar trincheras en las calles cercanas al ayuntamiento. Sin embargo, Gómez no tenía intención de atacar la plaza fuerte y se retiró poco después. En esa retirada, según el brigadier Bernabé Bosa, el caudillo fue obsequiado con cerveza y dulces en una boda campesina, a la que correspondió con doblones y un sermón que recordaba las epístolas de San Pablo.
Años más tarde, el vínculo entre Gómez y San Antonio se reafirmó. El 10 de febrero de 1901, en medio de la campaña de descrédito contra él, el Círculo de Artesanos de la villa le envió un telegrama de adhesión, cariño y respeto, gesto que revelaba la gratitud de los ariguanabenses hacia el caudillo.
Su primera visita oficial a la ciudad ocurrió el 15 de agosto de 1903, cuando inauguró la carretera del Rincón a San Antonio. Llegó en tren acompañado de Salvador Cisneros y fue recibido con entusiasmo popular. La multitud quiso desatar los caballos y tirar del coche en señal de fervor. Develó la columna construida por Juan Esquiroz —la conocida “jeringuilla de Vivanco”— y participó en una fiesta bajo la sombra de una ceiba, donde se celebró una competencia de tiro. Poco después, el 18 de octubre de 1903, regresó para asistir a una velada literaria en el Círculo de Artesanos dedicada al socorro de niños pobres. Llegó con su familia, fue hospedado en la casa del alcalde Vivanco y declarado huésped de honor de la ciudad.
La tercera y última visita se produjo el 31 de enero de 1904, también por ferrocarril, aunque de carácter privado. El ayuntamiento lo recibió con respeto, aunque los detalles de su estancia se han perdido en el tiempo. El 17 de junio de 1905, al conocerse la noticia de su muerte, el ayuntamiento de San Antonio se reunió en sesión extraordinaria. Se acordó enviar un telegrama de condolencias a su hijo, publicar un manifiesto al pueblo y encrespar las casas como señal de duelo. Además, se destinó dinero para una corona fúnebre y se nombró una comisión para asistir a los funerales. El pueblo ariguanabense, que lo había recibido en tres ocasiones, rindió homenaje póstumo al caudillo de la independencia.

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