Seis años han pasado desde aquel 31 de julio. Ese día, La Habana y Cuba entera despidieron a su historiador más querido: Eusebio Leal Spengler. Nacido el 11 de septiembre de 1942 en la capital, este hombre de formación autodidacta dedicó su vida a rescatar el alma de la ciudad que amó.

A los 16 años comenzó a trabajar en el gobierno municipal. Allí conoció a Emilio Roig de Leuchsenring, el historiador de la ciudad, quien orientó su vocación. En 1967, Leal asumió la dirección de la Oficina del Historiador y del Museo de la Ciudad. Desde entonces, y hasta su muerte en 2020, encabezó la titánica labor de restaurar el centro histórico habanero.

Bajo su dirección, la Oficina del Historiador recuperó edificios, plazas y monumentos. El Palacio de los Capitanes Generales, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, el Castillo del Morro y el Capitolio volvieron a brillar. Su empeño resultó determinante para que la UNESCO declarara a La Habana Vieja Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Pero Leal no solo restauró piedras. Restauró identidad. El poeta Cintio Vitier lo llamó «recreador del poema de todos los tiempos de La Habana Vieja». Otros lo conocieron como «el novio de La Habana». Su oratoria, su verbo encendido y su pasión por la cubanía lo convirtieron en un hombre imprescindible.

El cáncer de páncreas apagó su vida a los 77 años. Sin embargo, su legado permanece en cada esquina restaurada, en cada edificio que recobró su esplendor y en cada habanero que camina por las calles de la ciudad vieja.

Eusebio Leal Spengler, el más leal de los hijos de La Habana. Su obra trasciende el tiempo. Y cada 31 de julio, la ciudad lo recuerda con el mismo amor con que él la cuidó.

Maybeline Matamoros Álvarez
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