En el Ariguanabo los polos científicos y tecnológicos buscan que la innovación no es un lujo, sino una necesidad para enfrentar los retos productivos y sociales. El Centro Universitario Municipal (CUM) se ha convertido en un motor que articula ciencia y comunidad, formando profesionales capaces de aplicar soluciones prácticas en la agricultura, y los servicios

El impacto más visible se observa en la producción agroecológica. Gracias a proyectos vinculados al CUM, cooperativas locales han incorporado nuevas técnicas de cultivo, diversificación de semillas y uso racional de los recursos naturales. Estas prácticas no solo elevan el rendimiento, sino que también fortalecen la soberanía alimentaria, reduciendo la dependencia de importaciones y asegurando alimentos frescos para la población.

Este esfuerzo tecnológico no solo aporta sostenibilidad, sino que también abre oportunidades económicas al reducir gastos y generar nuevas capacidades técnicas que fortalecen la identidad comunitaria y la participación ciudadana.

La vinculación entre el CUM y las instituciones municipales garantiza que la población conozca, valores y se involucre en estos procesos. Creo que así, la tecnología no solo salva la economía local: la transforma en un modelo más inclusivo, sostenible y resiliente

Carmen Lieng Mena Lombillo
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