Hay hombres que parecen tener un río en las venas. Sandalio Camblor González fue uno de ellos. El Ariguanabo no solo fue su tierra natal, sino parte de sus latidos. Cada gesto suyo fue un homenaje a San Antonio de los Baños, su Villa del Humor.

Para muchos era simplemente “El Sandy”. En ese apodo cabía todo: el profesor de química que entre fórmulas recitaba a Silvio Rodríguez; el periodista de comentarios certeros; y el vecino que construía puentes entre la cultura y la vida cotidiana.

Como presidente de la UNEAC en el municipio y secretario de la Fundación Ariguanabo defendía una idea clara: la cultura no es un lujo, es ese alimento que nos sostiene. Sabía que sin río no hay canción, sin paisaje no hay poesía, y conservarlo era proteger la memoria de su pueblo.

Su sensibilidad quedó plasmada en el poemario Del vinilo al papel, donde convivían los Beatles y la trova cubana, transformados en versos libres. Así lo escribió:

“Entre acordes de guitarra y ecos de vinilo,  aprendimos que la poesía también se canta.”

En el aula, lo mismo le  explicaba a sus estudiantes la tabla periódica que le prestaba un libro de poesía a un joven enamorado. Su ingenio de químico le valió entre los amigos de siempre el apodo de creador del SandyClub, una bebida a base de ron que le celebraban entre bromas como «la mejor bebida a concursar en coctelerías de la alta alcurnia».

La Radio Ariguanabo fue otro de sus escenarios predilectos. Allí desde esa emisora, detrás del micrófono, quedó el eco de su voz, cercana y cálida, escucharlo a través de la radio es como si él conversara con uno desde el sofá de su casa, mientras tomaba un buchito de café recién colado.

Sandalio buscaba rescatar las tradiciones que le daban orgullo de pertenecer a su tierra. Sabía que un pueblo sin cultura está condenado a morir en el olvido.

El calendario recuerda que en mayo de 2021, apenas un día después de cumplir los 70 años, Sandalio Camblor partió de este mundo. Pero hombres como él no se van del todo: se funden con el paisaje. Hablar en pasado de Sandalio sería traicionar su memoria, porque su espíritu sigue vivo en sus libros, en sus poemas y en la inspiración de quienes lo leen cada día.

Mientras el río siga su curso hacia el gran azul y la Radio Ariguanabo continúe transmitiendo, sus versos se escucharán entre parques y calles. No es un recuerdo distante, sino una presencia viva que se mezcla con la «Peña del Río», junto a Yawar en La Arrocera, y en la memoria de un pueblo que se niega a olvidar.

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Por Yely Pupo

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