El 21 de mayo de 2006 dejó de existir físicamente Eduardo Bernabé Ordaz Ducongé, médico, Comandante del Ejército Rebelde y una de las figuras más vinculadas a la salud pública cubana. Su nombre quedó unido para siempre al Hospital Psiquiátrico de La Habana, institución que dirigió durante 44 años y donde desarrolló una labor marcada por el compromiso con los pacientes y la medicina.
Nacido en el Ariguanabo, tierra que lo reconoció como Hijo Ilustre, Ordaz Ducongé construyó una trayectoria que trascendió los límites de la profesión. Participó en la lucha revolucionaria y más tarde dedicó gran parte de su vida al trabajo científico y a la atención de personas con enfermedades mentales, en una etapa en la que la psiquiatría cubana enfrentaba numerosos desafíos.
Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre de carácter firme, de largas jornadas y de preocupación constante por el bienestar de los pacientes. En los pasillos del hospital no solo ejercía como director; también escuchaba, orientaba y seguía de cerca cada detalle relacionado con la atención médica. Su presencia formó parte de la vida cotidiana de varias generaciones de trabajadores de la salud.
El reconocimiento como Héroe del Trabajo de la República de Cuba resumió años de esfuerzo y dedicación. Sin embargo, más allá de los títulos, su mayor legado estuvo en la obra humana que dejó tras décadas de servicio.
Años después de su partida, el nombre de Eduardo Bernabé Ordaz Ducongé continúa asociado al deber, la medicina y la entrega a los demás. Su historia recuerda que existen personas capaces de convertir una profesión en un compromiso permanente con la vida y con su pueblo.
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