Alexander Rondón es un joven de 50 años que se sujetó fuertemente a las hojas de tabaco y aprendió a hacerlos con una maestría que nadie más tiene.
Es un cubano guarachero y sonriente que también impone su carácter cuando la situación lo amerita.
Sus alumnos de la Fábrica Ariguanabo de San Antonio de los Baños lo quieren y le agradecen cada regaño, pues detrás de cada llamado de atención hay un aprendizaje para que sean mejores en el oficio.
¿Su satisfacción? Que sus alumnos aprendan a fabricar tabacos de óptima calidad. No importa si lo superan.

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