Nuestra Historia recuerda a un mártir ariguanabense caído un 9 de septiembre de 1932.

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Nacido en San Antonio de los Baños el 25 de septiembre de 1915, Rafael Valdés Pérez fue un activo luchador contra el gobierno de Gerardo Machado, a pesar de su corta vida. Su trayectoria como estudiante y luego como obrero estuvo marcada por acciones en contra de la tiranía. Le gustaba practicar deportes, entretenimiento que aprovechaba para sumar seguidores y simpatizantes con la causa revolucionaria.

Rafael Valdés fue uno de los primeros jóvenes que creó un centro deportivo en las márgenes del río Ariguanabo. Con el esfuerzo suyo y de los jóvenes que lo seguían, en una de sus partes boscosas llegaron a formar un centro de entretenimiento al aire libre donde se practicaba la cultura física, la natación y el remo.

Rafael Valdés participaba en reuniones que se realizaban en el antiguo Círculo de Trabajadores de nuestro municipio. Fue allí donde se fraguaron actividades de agitación revolucionarias, que en aquella época se proyectaba en manifestaciones. En su época de estudiante de bachillerato, en unión de sus compañeros del Instituto, saboteaban funciones de cines, repartían proclamas, además de recolectar armas y explosivos.

En una ocasión realizaron una protesta contra las fuerzas represivas en el Parque de la Iglesia. En medio del bullicio resultó herido un policía. Rafael y otros colegas fueron apresados como autores del suceso, y sin pruebas que los inculparan los liberaron. Rafael Valdés Pérez también tuvo una actuación destacada en la huelga de los tabaqueros del Trust y en la lucha sindical de ayuda a las compañeras despalilladoras.

Desde finales de 1932 las fuerzas de la tiranía de Gerardo Machado buscaban a Rafael Valdés Pérez. Sus acciones y su condición de líder en ellas despertaron el interés de los represores.  El 9 de septiembre de mientras trataba de huir del pueblo para salvar su vida, acompañado por su padre, fueron atacados a tiros. Varias emboscadas habían preparado. Rafelito, como le decían los amigos cercanos, se defendió mientras pudo. El revólver que llevaba solo disparó tres proyectiles; las otras balas se encasquillaron. Los asesinos dispararon parapetados y ocultos por la oscuridad. Fue rematado con dos tiros en el pecho.

El padre quedó arrestado en la Estación de Policía. La madre de Rafelito salió a auxiliarlo con otros familiares y fue tiroteada por los soldados y la policía. Al conocerse el crimen el pueblo se lanzó a las calles a protestar, siendo fuertemente reprimido por las fuerzas públicas.

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Por Adian