Por Alejandro Batista Martínez

FUENTE: Fichas en poder del autor

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Desde los primeros meses de 1958 las fuerzas revolucionarias se dedicaron a la preparación de una Huelga General para derrocar al régimen de Fulgencio Batista. Aunque se tomaron importantes medidas para el éxito de la acción, la represión desatada por la tiranía determinó que no tuviera la fuerza y organización que se logró en la Huelga General de agosto del año anterior. Sobre la huelga del 9 de abril de 1958 y la figura de Marcelo Salado Lastra, le acercaremos en este encuentro matutino con nuestras raíces.

El 9 de abril de 1958, al desatarse la Huelga General Revolucionaria, se paralizaron El Potro, fertilizantes, algunos despalillos, escogidas, fábricas de camisas y varios comercios. Todo fue en vano pues la acción fracasó nacionalmente. En horas de la tarde se recibió la orden de regresar a los puestos de trabajo para evitar una mayor represión. No obstante, al día siguiente 20 trabajadores de la Fábrica de Productos Mosquera fueron detenidos y encarcelados en el Castillo del Príncipe, donde permanecieron hasta el día 17 en que fueron liberados bajo fianza. Durante la huelga, el grupo de Acción y Sabotaje, dirigido por Vallín, llevó a cabo acciones de apoyo como el incendio del Bar Rosa, el derribo de postes del tendido eléctrico y el tiroteo de vehículos en la carretera al Rincón.

Dos semanas después del fracaso de la huelga y ante la constante persecución a la que estaban sometidos, el grupo de Francisco Ubaldo García Morales pasó a la clandestinidad. Después de la detención y salida al extranjero de Manuel Rodríguez y el paso a la clandestinidad de la mayoría de los dirigentes del Movimiento 26 de Julio, llegaron a San Antonio de los Baños los compañeros Fernando Vila y Rondón para reorganizar el ejecutivo, coordinado por Eladio Hernández Gil. La experiencia del fracaso de la Huelga General aceleró el proceso de unidad del movimiento obrero que llevó a crear, a fines de 1958, el Frente Obrero Nacional Unido. En la Fábrica de Productos Mosquera, Abono Cacique y otros centros, se realizaron las reuniones constitutivas, eligiéndose a Alfredo Hernández como dirigente municipal del Frente Obrero Nacional Unido.

Marcelo Salado Lastra nació en Caibarién, pueblo costero del norte en la provincia de Villa Clara, el 21 de mayo de 1927. Su infancia y juventud se desarrolló en una familia humilde de 5 hermanos. Desde temprano se sintió atraído por la pesca submarina, deporte en el cual llegó a ser campeón nacional en 1956. Sus estudios primarios superiores los realizó en su ciudad natal y se matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Remedios. Aprobó solo dos años del Bachillerato debido al pandillerismo imperante y la corrupción del profesorado. No obstante, realizó cursos emergentes para profesor de Educación Física en Las Villas, Santiago de Cuba y La Habana, adquiriendo los créditos suficientes para obtener el título que entonces expedía el Ministerio de Educación. Fue admitido en el colegio La Progresiva en el doble rol de maestro y alumno de bachillerato. Sin abandonar el magisterio matriculó la carrera de Pedagogía en la Universidad Central de Las Villas. A raíz del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 se dedicó por entero a la lucha revolucionaria.

El 9 de abril de 1958 Marcelo Salado repartió armas a sus compañeros y se dirigió hacia el edificio Chibás (en 25 y G, en el Vedado), donde ya estaba ubicado el Estado Mayor. Desde aquí comienzan a llegar noticias sobre el desarrollo de la huelga, muchas de ellas no muy alentadoras. Por mala organización hubo grupos acuartelados que nunca recibieron armas.

Otros estaban mal armados por lo que fueron masacrados por la policía batistiana. También falló el paro en el sector del transporte urbano porque no fue total y algunas terminales no secundaron la huelga. Marcelo se encontraba furioso debido a que muchos compatriotas cubanos perdían la vida en esos momentos. Oscar Lucero Moya, otro dirigente del movimiento revolucionario, trató de tranquilizarlo pidiéndole tiempo para ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Salado decidió ir a ver a los compañeros del Frente Obrero Nacional, acuartelados a solo dos cuadras de allí, para que le explicaran qué había sucedido en el sector del Transporte. Lucero le ordenó a la combatiente Ramona Barber, acompañarlo. Cruzaron la calle G en línea recta.

Mientras transitaban por la pista del garaje que hace esquina, fueron reconocidos por agentes al servicio de Esteban Ventura, quienes iban en dos máquinas por la calle 25. Cuando los sicarios detuvieron sus autos, Marcelo le ordenó a Ramona seguir caminando. Uno de los trabajadores del garaje la empujó detrás de un automóvil para que otros empleados lograran ocultarla en medio de la confusión producida por los disparos de las ametralladoras de los sicarios. Luego de arrojarlo en el maletero de uno de los automóviles, le dieron el tiro de gracia.

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