San Antonio de los Baños, Artemisa, Cuba. – El Bosque Martiano del Ariguanabo es un espacio natural que guarda las especies mencionadas por José Martí en su Diario de Campaña. Es también un lugar donde las piedras se han convertido en protagonistas, gracias a la visión de su creador, Rafael Rodríguez Ortiz (Felo).
Felo recuerda que la idea surgió de una experiencia muy concreta. En los inicios del bosque, cuando los árboles aún estaban pequeños recibió la visita de unos amigos, con su hija. “Aquella niña entró con entusiasmo, pero miró hacia arriba y no había nada, solo maticas pequeñas. Entonces le dijo a su papá: ‘Papi, ¿y el bosque dónde está?’ Aquello me motivó”. Esa inocente pregunta lo llevó a buscar un recurso que diera señales de vida mientras los árboles crecían. Así nacieron las piedras como símbolos y maestras del bosque.
“Empecé a pensar que las piedras iban a ser mis más grandes ayudantes, que ellas se iban a integrar al bosque. Convertir las piedras en maestras, en profesoras, poniendo en ellas mensajes culturales, mensajes martianos”, explicó.
Hoy, más de 170 toneladas de piedra descansan en el bosque, algunas de hasta nueve toneladas, trasladadas con grúas y cargadores gracias al apoyo de instituciones y voluntarios. Felo cuenta que muchas fueron rescatadas de potreros, incluso semi enterradas. “Me he pasado una semana con un instrumento sacándolas a flor de tierra para que venga un equipo y la lleve para el Bosque Martiano”.  
Las piedras no son simples adornos. Cada una cumple una función pedagógica y simbólica. Están el monumento al árbol, que explica su importancia como fuente de oxígeno, lluvia y sombra; el monumento a la mujer, con frases como “la obra más perfecta de la naturaleza” y “amor y sostén, guía y valor”; y el conjunto de 82 piedras del Granma, que representan a los expedicionarios que vinieron desde México a impulsar el triunfo definitivo de la Revolución. También en el sitio de Cinco Palmas, una piedra recuerda el histórico diálogo entre Fidel y Raúl: “Tú traes cinco fusiles y dos que tengo yo, siete; ahora sí ganamos la guerra”. 
“Ellas representan también una información constante, un apoyo a aquellos árboles, un apoyo a aquellos símbolos. Todo se relaciona entre los árboles y las piedras, ellos son complemento uno a los otros”, señala Felo.
Para él, las piedras son un museo natural. “No importa la edad, el tamaño y la forma, representan un museo casi natural, hay veces que las veo reír también junto conmigo”. Esa visión poética resume la esencia del Bosque Martiano, un espacio donde naturaleza, historia y valores se entrelazan para educar y conmover.
El Bosque Martiano del Ariguanabo representa el legado vivo de su creador, un lugar donde cada piedra enseña y cada árbol recuerda. Como afirma su creador, la obra se sostiene en principios esenciales. “Tenemos que ser buenos, respetuosos, solidarios… vivir sembrando siempre en la tierra fértil y en la conciencia de los que estudian y trabajan”.  
Roca de la cueva del sumidero

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