La mujer afrodescendiente en Cuba es portadora de una historia que no puede desligarse de la raíz misma de la nación. Desde los tiempos de la esclavitud, su presencia fue vital en la conformación de la cultura cubana: en la música, la danza, la religiosidad popular y la transmisión de saberes comunitarios. Su voz, muchas veces silenciada, es sin embargo un hilo constante en la memoria colectiva.

En el ámbito social, la mujer afrodescendiente es sostén de familias y barrios, creando redes de apoyo que  permiten la supervivencia en contextos de desigualdad. Su papel como madre, trabajadora y líder comunitaria ha sido esencial para mantener vivas las tradiciones y, al mismo tiempo, abrir espacios de participación en la vida pública. Por estos dias, Quinto Coloquio sobre este tema, sesiona en La habana, con puntos muy críticos y necesarios a debatir.

Por ejemplo se analiza la cultura y su influencia como La rumba, el son, la poesía afrocubana y la estética del cabello natural son expresiones que llevan su sello, que en lo personal disfruto y respeto La mujer afrodescendiente ha sido musa y creadora,  su aporte artístico ha dado a Cuba una identidad única que se reconoce en todo el mundo.

Sin embargo -y es que no todo es color de rosa- aún persisten prejuicios y discriminaciones que limitan el reconocimiento pleno de su importancia o de más bien, nuestra importancia. El racismo y el machismo se entrelazan, generando barreras que invisibilizan sus logros y restringen a todo poder sus oportunidades. Reconocer esta realidad es un paso imprescindible para avanzar hacia una sociedad más justa ,más aún, es  estos tiempos.

En Cuba no es solo parte de la historia: es presente y futuro. Su resistencia, creatividad y liderazgo son fuerzas que empujan al país hacia una mayor equidad. Honrar su papel significa no solo celebrar su legado, sino también luchar contra los prejuicios que aún buscan apagar su luz.

Carmen Lieng Mena Lombillo
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