Por: Alejandro Batista Martínez

Cuando un cubano le pronostica algo malo a otro, generalmente emplea la frase: “lo que te va a caer arriba es un 20 de mayo”. Muchos creen que la expresión se refiere a la condición de Neocolonia que adquirió Cuba el 20 de mayo de 1902. Pocos saben que su origen está en el quinto mes del año 1912 y se debe a una barbarie cometida contra un grupo de cubanos. Sobre dos fechas luctuosas de mayo le acercamos en este encuentro con nuestras raíces.

El 20 de mayo de 1902 se estableció, por primera vez en Cuba, el Estado Nacional.

Luego de 30 años de luchas por la independencia, España cedió la Mayor de las Antillas a los Estados Unidos. Si bien para esa fecha los cubanos habían aprobado una nueva Constitución de la República y elegido un Presidente, la Isla se convertía en una posesión neocolonial del imperio norteamericano.

Pero no pensemos que todo fue color de rosas o extremadamente malo. Esa etapa de nuestra historia nacional, conocida como República Neocolonial, fue particularmente compleja.

Un país marcado por la dependencia yanqui, la corrupción política de sus principales gobernantes y el predominio de una economía subdesarrollada, se fue gestando durante 56 años. Para defender los intereses de los negros en un país marcado por la discriminación, surgió el Partido Independientes de Color. Durante el quinto mes del año 1912, en Oriente y Las Villas, estalló el movimiento por los derechos de los negros. Dirigidos por Pedro Ivonet y Evaristo Estenoz, lucharon contra la discriminación racial y social, pero al no aliarse con los blancos pobres la reacción los acusó de racistas.

El 20 de mayo de 1912 los protestantes sufrieron la represión del Ejército Nacional y sus principales líderes fueron asesinados. He ahí el verdadero origen de la frase. El baño de sangre ordenado por el gobierno de José Miguel Gómez, marcó para siempre la memoria de los cubanos. Desde entonces cuando algo malo se avecina solemos decir que “lo que te va a caer arriba es un 20 de mayo”.

El 17 de mayo de 1890 se desató en la Habana un fuego simple en la Ferretería Isaci, junto a un Consulado, cerca de centros comerciales importantes, no lejos del Palacio de Gobierno y de la Plaza Vieja. De pronto, la conflagración por el almacenamiento de productos prohibidos provocó el desastre.

En una ciudad más pequeña que la actual, se hacía difícil extinguir un incendio. Para apagar el fuego de grandes proporciones se hacía necesario contar con agua suficiente. La lápida, colocada en ese lugar, explica lo ocurrido. Transeúntes, bomberos del comercio y bomberos municipales, agentes del orden público y marinos murieron en el acto. El fuego se convirtió en un desastre que provocó un sentimiento nacional de solidaridad.

En las galerías del Palacio de Gobierno fueron expuestos los féretros de los bomberos, jefes y oficiales. Muchos de ellos eran voluntarios, que fuera de sus horas laborales prestaban un servicio de extraordinaria utilidad a la población. En el cementerio habanero de Colón un mausoleo, obra del escultor español Agustín Querol, recuerda a los héroes principales y a todos los bomberos, blancos y negros, que participaron en la extinción del siniestro.

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