El 26 de abril de 1938 nació en San Antonio de los Baños un niño que, sin saberlo, estaba destinado a convertirse en cronista de la Revolución a través de la piedra, el bronce y el barro.

José Ramón De Lázaro Bencomo, conocido como José Delarra, creció en un mundo humilde, pero rodeado de manos que sabían crear belleza. Su padre, encuadernador y artesano, le transmitió la sensibilidad que más tarde se transformaría en esculturas capaces de dialogar con la historia. A los once años, en el patio de su casa, levantó su primera figura: un Martí que anunciaba la vocación de toda una vida.

La juventud lo encontró en las calles, retratando en barro a transeúntes anónimos, con tal rapidez que su arte detenía el tránsito. Pronto sus estudios lo llevaron a Villate, San Alejandro y luego a Europa, donde aprendió de maestros como José Clará y Antonio Berti. En Madrid y Florencia se impregnó de tradición, pero también buscó una voz propia, inspirada en los monumentos de Sicre y Ramos Blanco.

Al triunfo de la Revolución regresó a Cuba e integró al movimiento cultural emergente. Fue director de la Academia San Alejandro, fundador del Taller Experimental de Gráfica de La Habana y creador de exposiciones itinerantes que acercaban la escultura al pueblo. Su obra se multiplicó en formatos y materiales, cerámica, grabado, pintura. Siempre volvía a tres símbolos esenciales, la mujer, el caballo y el gallo, que en su imaginario representaban fuerza, belleza y espíritu combativo.

Pero si hay una obra que lo inmortalizó fue el Monumento al Che en Santa Clara. Durante seis años modeló no solo la figura del Guerrillero Heroico, sino un conjunto que resume su vida, su destino y su legado. Delarra no solo fue escultor, fue maestro, padre y sembrador de sensibilidad. Enseñó a sus hijos que antes de esculpir un rostro hay que conocer el alma del personaje, porque de lo contrario lo que nacía era “un muñecón vacío”. Falleció en agosto de 2003, con honores militares, dejando más de dos mil obras y un legado que aún palpita en plazas, parques y museos.

Hoy, recordamos al Hijo Ilustre del Ariguanabo, al hombre que modelaba con la yema de los dedos y con la urgencia de quien sabe que el arte es también memoria viva. José Delarra fue y será siempre, el escultor que dio forma a la historia de Cuba y la convirtió en monumento.

Shakira Mesa
Últimas entradas de Shakira Mesa (ver todo)

Deja una respuesta