Por: Lic. Alejandro Batista 
Los cubanos somos mundialmente conocidos como fiesteros y bailadores por naturaleza. Y es que el baile y las fiestas forman parte de nuestro acervo cultural.

Desde tiempos inmemoriales nuestros aborígenes se reunían para celebrar las cosechas y bailaban el areito invocando a sus dioses. En este encuentro con nuestras raíces, conversaremos sobre las fiestas y bailes que se desarrollaban en la Villa del Ariguanabo, a inicios del siglo XX.

Numerosas fiestas se realizaban en diferentes espacios abiertos, organizadas por las instituciones de San Antonio de los Baños. Entre las fiestas tradicionales de más envergadura estaban las Verbenas.

La primera Verbena tuvo lugar en ocasión del cuarenta aniversario de la creación del Círculo de Artesanos, en 1921, por iniciativa de dos grandes promotores culturales: Octavio Valdés Rodríguez y Manuel Alfonso Descalzo.

Se construían para la ocasión kioscos mejicanos, españoles, gitanos y norteamericanos. En la Sociedad Centro La Luz, de negros y mulatos, se armaba la llamada casita criolla, pero sin dudas uno de los kioscos más bellos era el de las flores.

En las Verbenas se hacían desfiles de coches con bellas muchachas que representaban a la mujer cubana, excepto a las de la raza negra. Se realizaban actos circenses, rifas, ventas de comestibles y se armaban pequeños parques de diversiones. No podía faltar el baile, para el cual se dividía el parque, una parte para los negros y otra para los blancos.

Como en otras festividades de carácter público podía participar todo el mundo, sin embargo en las Verbenas todo costaba y como sociedad clasista al fin, la discriminación social estaba patente.

Otras de las fiestas de gran arraigo popular en la Villa del Ariguanabo fueron los carnavales. Convocados por las distintas sociedades de recreo, se realizaban a finales de febrero y principios de marzo, siempre durante el fin de semana. Numerosas comparsas desfilaban por las calles de la ciudad. Las primeras comparsas no tenían música. La melodía se le incorporó posteriormente, dando un mayor colorido y calidad a los paseos carnavalescos.

Las fiestas campesinas se concentraban en los barrios rurales de la localidad, siendo de las más concurridas las de Govea. En ellas se hacían carreras de cintas, concursos de caballos, controversias y bailes, en los que era común la división en dos bandos: el rojo y el azul, en ocasiones apadrinados por bellas jóvenes campesinas.

Algunas familias ariguanabenses solían realizar fiestas particulares en sus casas, en determinadas fechas del año. Las celebraciones navideñas o las que tenían lugar en el aniversario del Santo Patrón de la Villa, todavía permanecen en el recuerdo de algunos.

Entre ellas las que alcanzaron mayor celebridad entre los vecinos fueron las de Ramón Guerra. Su merendero, conocido por la Quintica, cercano a las márgenes del río Ariguanabo, estaba rodeado de impresionantes jardines. El día de San Ramón, La Quintica estaba de fiesta y su dueño aprovechaba para bautizar a numerosos niños de la localidad.

El Casino Español, el Círculo de Artesanos y el Centro La Luz celebraban anualmente, el 17 de enero, el Baile del Santo Patrón San Antonio Abad.

El Baile de las Flores tenía lugar en el mes de mayo. Su nombre provenía de los exuberantes adornos florales con los que se engalanaban para la ocasión los salones del Círculo de Artesanos y del Centro La Luz.

En agosto se efectuaba el Baile de las Guayaberas, que en tiempo de carnavales se dividía en bandos: El Palenque, La Punta y La Loma. Ganaba el bando que más parejas llevase. Este baile lo promovían también el Círculo de Artesanos y el Centro La Luz.

En otras fechas del año las sociedades organizaban otros bailes con nombres muy curiosos como el de las Camisas Raras, Pasado y Presente, el de Las Orquestas, el de Navidad y el del 31 de diciembre.

FUENTE: Fichas en poder del autor.

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