Aquella tarde en Zanja #16: el día que nació el Partido Comunista de Cuba sin que nadie lo supiera. No hubo convocatoria pública. Tampoco prensa. Solo la palabra pasada de boca en boca entre obreros y estudiosos del marxismo que llevaban años reuniéndose en secreto.
El lugar: una sala cualquiera en Santos Suárez. En la calle Zanja número 16, barrio de Santos Suárez, veinte personas se dieron cita un domingo de agosto. La Habana hervía al sol, y un viejo ventilador de techo apenas lograba mover el aire pesado de la tarde. No era una reunión más. Era la que, sin saberlo, marcaría el rumbo político de la isla por décadas. Lo que tenían: nada.
Lo que querían: todo. No tenían local fijo. Ni fondos. Ni siquiera una imprenta propia para hacer volantes. Pero tenían algo más importante: claridad. Sabían lo que querían:
· Organizar a los trabajadores del campo y la ciudad.
· Frenar el desalojo de los campesinos.
· Luchar por la jornada de ocho horas.
· Romper, de una vez, con el dominio económico de Estados Unidos sobre Cuba, impuesto por la Enmienda Platt.
Y para eso, no bastaba con otra agrupación efímera de las que surgían y desaparecían al mes siguiente. Necesitaban estructura, disciplina y una línea política definida. Dos hombres, dos generaciones, un mismo propósito. En aquella sala estaban Carlos Baliño, el veterano. El de más edad, curtido en las luchas independentistas. El que ya había visto muchos intentos fracasar.
Y al lado, Julio Antonio Mella, el joven fogoso. El que ponía el ímpetu y la rebeldía. No se pusieron de acuerdo en todo aquella tarde. Pero en lo esencial, sí. El acuerdo fundacional. Esa tarde, sin testigos ni actas notariales, tomaron tres decisiones que cambiarían la historia:
1. El partido se llamaría Comunista.
2. Se afiliaría a la Internacional Comunista.
3. Su eje central sería la lucha contra el imperialismo y el latifundio.
Ninguno de ellos podía imaginar, aquel 16 de agosto, el alcance de lo que estaban fundando. Solo sabían que era necesario y que no podían esperar un minuto más. El secreto guardado en el pecho. Cuando el sol se puso sobre La Habana y la reunión terminó, cada uno guardó el secreto en el pecho y volvió a su barrio. Caminaron en silencio, con la certeza de que algo había cambiado. El resto del país todavía no lo sabía, pero la semilla estaba plantada.
Dato clave: aquella reunión en Zanja #16 fue el acta de nacimiento de una fuerza política que décadas después llegaría al poder. Todo empezó ahí, en una sala sin lujos, con un ventilador que apenas aliviaba el calor y veinte hombres que creían en un futuro distinto.
Dayamí Tabares Pérez
Últimas entradas de Dayamí Tabares Pérez (ver todo)