San Antonio de los Baños, Artemisa. – La formación vocacional y la orientación profesional se implementan desde edades tempranas. En la educación primaria se comienza a despertar en los niños el amor por el magisterio, esa profesión noble que forma a todas las demás.
La formación vocacional comienza desde los grados más pequeños. Sin embargo, es a partir de cuarto y hasta sexto grado cuando se crea el círculo de interés pedagógico, conformado a partir del mes de octubre. Allí, los estudiantes visitan museos, ayudan al profesor a revisar libretas y participan en actividades complementarias que los acercan al quehacer docente.
Luego, al iniciar la secundaria, se conforma el aula pedagógica en cada institución. Estas aulas reciben seguimiento también por parte de la primaria, pues cada escuela primaria tiene una secundaria asignada a la que da seguimiento a estos estudiantes. Además, los alumnos visitan a profesores alfabetizadores y realizan actividades dentro del aula.
Cuando existe la posibilidad, se organizan visitas a la escuela pedagógica Rubén Martínez Villena, en Alquizar, donde los estudiantes intercambian conocimientos y experiencias con alumnos de ese centro. Asimismo, participan en las actividades del Día del Monitor, una jornada que celebra y estimula su vocación.
Desde la primaria se va construyendo el camino de quienes algún día tomarán la tiza y el borrador con orgullo. La orientación vocacional hacia el magisterio no es solo una tarea educativa: es sembrar futuro, es formar a los maestros que mañana guiarán a las nuevas generaciones. Porque enseñar es, sin duda, una de las más bellas formas de servir a la patria.