El 6 de octubre de 1976, un avión cubano de pasajeros despegó con destino a La Habana. A bordo viajaban 73 personas: pasajeros de distintas edades, integrantes de la tripulación y jóvenes deportistas que regresaban de participar en una competencia internacional. Entre ellos se encontraba el equipo juvenil nacional de esgrima, que había representado a Cuba en un torneo celebrado en Caracas. El vuelo transcurría con normalidad hasta que, sobre el mar, una explosión estremeció la aeronave y cambió para siempre la historia de la aviación cubana.
La tragedia dejó sin vida a todos los ocupantes. Las familias que esperaban el regreso de sus seres queridos recibieron una noticia que permanece en la memoria colectiva. Los jóvenes esgrimistas, que apenas comenzaban a construir sus vidas y carreras deportivas, quedaron entre las víctimas de aquel hecho. También perecieron los miembros de la tripulación y otros ciudadanos cubanos. Las investigaciones posteriores señalaron que la aeronave había sido objeto de un atentado con explosivos y que el crimen estuvo vinculado con grupos contrarrevolucionarios. Cada 6 de octubre, Cuba recuerda a las víctimas de aquel vuelo y convierte la fecha en una jornada de memoria y homenaje a quienes no pudieron regresar a casa.
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