Basta caminar por la avenida más céntrica de San Antonio de los Baños para inferir que se trata de un pueblo singular. Por esa misma calle transitaron, en siglos pasados, grandes personalidades como la condesa de Merlín, el escritor Cirilo Villaverde, el Barón de Humboldt y hasta el rey Luis Felipe I de Orleans. El paseo por la Calle Real inicia con el cruce del Ariguanabo, símbolo del pueblo y cuyo nombre da origen al gentilicio de los aquí nacidos.

De 1794 data la orden real de constituir la Villa San Antonio Abad, denominación que cambió por el gusto popular de quienes disfrutaron los baños refrescantes y hasta milagrosos del afluente natural. Desde entonces la historia local atesora tradiciones y costumbres. El tabaco fue el primero y más extendido cultivo en las tierras ferralíticas rojas de San Antonio, antes, incluso, de fundada la Villa. Las cosechas tuvieron excelente calidad y su proceso artesanal, todavía perdura.Si algo distingue a los ariguanabenses es su apego a lo tradicional, ese legado que dejaron aquellos primeros pobladores que se asentaron en los bosques vírgenes de esta zona, familias que habitaron estos parajes al encontrar las provisiones necesarias en la taberna del Tío Cabrera, de lo que aún hay evidencias a 229 años de este suceso que define una fecha fundacional.

El cantautor Silvio Rodríguez destaca en su canción Llegué por San Antonio de los Baños: «Soy de un viejo bosque de oro maderal que los hacheros fueron a extinguir. De una taberna rústica local, que daba de beber al porvenir. De un viejo manantial medicinal que ayudaba a la sangre a revivir, del surco de la vega original y soy de la aventura de existir».

Fue la Colonia un periodo de florecimiento cultural en la vecindad fundada por la familia Monte Hermoso. Más de cien publicaciones, entre revistas y periódicos, encontraron seguidores en la población. De igual modo, la música, la literatura y las ciencias despuntaron con dignos representantes. Diferentes sociedades de recreo surgidas en la primera mitad del siglo XIX fomentaron el arte, los oficios y la enseñanza. Ellas fueron los antecedentes directos de las peñas «Su artista, un té, el poeta y algo más» y «En Descarga», la conocida «Peña del río», con el grupo Yawar, y otras.

El Círculo de Artesanos, inaugurado en 1881, resultó una de las representaciones más fieles de los intereses de los obreros. Para beneplácito de las generaciones más cercanas en el tiempo, esta institución aún existe, pendiente de una reparación exhaustiva que le devuelva el esplendor que antes tuvo. Fue el Círculo escenario de bailes clásicos como el de las flores, el de la guayabera, el de la camisa rara y la famosa cena del 25 de diciembre con la popular orquesta Sonora Matancera, estas últimas fiestas, en la República. A ello se sumaron las conocidas Verbenas con una primera celebración en 1921, filmadas, además, por un aficionado del cine; y los paseos o bailes de carnaval que mucho degustaron los más longevos.

A pocos años de establecida la Neocolonia, en San Antonio comenzó la lucha obrera. Julio Antonio Mella fue el artífice del trabajo revolucionario a favor de los obreros. El Círculo de Trabajadores se convirtió en Aula Magna de la Universidad de La Habana, por la cual desfilaron grandes hombres de aquel movimiento. En 1930, un año después del asesinato del líder estudiantil, comenzó la tradición de rendirle el tributo merecido, en este mismo sitio, donde hoy se erige un busto dedicado a su memoria.

De igual manera cada año se recuerda a los miembros del Batallón 164 que lucharon en Girón, en el lugar conocido como la Super Milk, desde donde partieron hacia tierra yumurina. Así se recuerda también a los caídos en misiones internacionalistas.

Es el Bosque Martiano, sitio natural creado por Rafael Rodríguez Ortiz -un apasionado de la obra del Apóstol, la historia y la naturaleza-, lugar de visita obligada cada octubre y febrero, cuando conmemoramos los aniversarios del inicio de las guerras patrias.

De la caricatura y el humor, el Ariguanabo es sede. Un majestuoso museo, monumento nacional, es responsable de las bienales donde concursan fieles exponentes de este arte tan llamativo, secundadas por las humorangas. Los trazos de los nativos de este terruño René de la Nuez, Eduardo Abela, José Luis Posada Medio y Ángel Boligán forman parte de la basta colección de esta institución, única de su tipo en América.

A su gente le gusta caminar por las calles porque usan las aceras para sentarse. Celebran la festividad del Santo Patrono el 17 de enero, el Día del ariguanabense ausente, el último domingo del mismo mes, y la semana de la cultura en septiembre.

Afirma su historiador, José Miguel Delgado: «Este pueblo posee numerosas tradiciones que con el tiempo se fueron perdiendo». Con esperanza dice que son recuperables. «Es difícil que sea como antes pero si es válido recalcar que estas celebraciones fueron muy seguidas y esperadas. Valdría la pena». Ese sería el deseo de los que viven en esta tierra, que se rehúsan a dejar en el tiempo la herencia de sus antecesores.

 

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Por Adian