El dengue golpea fuerte en Cuba, sobre todo en verano, cuando el calor y la humedad crean el ambiente perfecto para que el mosquito se reproduzca. Pero aquí no tenemos fumigación ni recursos para combatirlo después de que aparece. No hay insecticidas, ni bombas, ni materiales. Esa realidad nos obliga a enfocarnos en lo único que funciona: la prevención dentro de cada hogar.
Los operarios hacen chequeos, recorren barrios y casas, pero su trabajo no alcanza. No pueden estar pendientes de cada tanque, cada balde o cada tonel que dejamos destapado. La responsabilidad recae en nosotros, los dueños de esas casas.
Sin embargo, muchas personas le restan importancia al dengue. Creen que es «una fiebre más» o que «a ellos no les va a dar». Eso es un grave error. El dengue no es un resfriado. Puede causar fiebre altísima, dolores intensos en los huesos y articulaciones, dolor detrás de los ojos, sangrado en encías o nariz, y en los casos más graves, el dengue hemorrágico, que provoca vómitos con sangre, dificultad para respirar y puede llevar a la muerte si no se atiende a tiempo.
Entonces, ¿qué no debemos hacer? No debemos dejar recipientes destapados, ni acumular basura, ni olvidar cambiar el agua de los floreros o bebederos de animales. Tampoco debemos auto medicarnos con aspirinas o ibuprofeno si tenemos síntomas, porque estos medicamentos aumentan el riesgo de sangrado.
Y lo más recomendable es: revisar diariamente todos los depósitos de agua de la casa, taparlos bien, lavar con cepillo y jabón las paredes internas de tanques y barriles al menos una vez a la semana, desechar todo objeto que no sirva y que pueda acumular agua (latas, botellas, neumáticos viejos), y si aparece algún síntoma, acudir de inmediato al médico y no automedicarse.
Cada cubano debe revisar sus propios depósitos de agua. Taparlos no es un favor al gobierno, es un acto de cuidado propio y familiar. El mosquito pone sus huevos en el agua quieta que almacenamos. Si dejamos un recipiente abierto, le damos de comer y de beber a nuestro peor enemigo.
No podemos esperar a que otros resuelvan el problema. La solución empieza en casa, con una tapa, un chequeo diario y la conciencia de que prevenir duele menos que pasar días con fiebre y dolor de huesos. En un país sin fumigación, la prevención no es un consejo, es nuestra única defensa.
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