Hace 65 años, Fidel Castro era nombrado Primer Ministro de Cuba.

Por: Damarys Arissa González-Posada Hierrezuelo.

En febrero de 1959 Fidel Castro Ruz asumió el cargo de primer ministro del gobierno provisional revolucionario. En aquel entonces, solo habían transcurrido seis semanas del triunfo de la Revolución cubana, cuando se apreciaban situaciones críticas en el Gobierno Revolucionario y el pueblo exigía respuestas y soluciones a los problemas sociales que tanto le aquejaban.

En su discurso de toma de posesión del cargo en el entonces Palacio Presidencial, el Comandante en Jefe destacó su posición en las tareas y responsabilidades ante el pueblo, enarboló los principios revolucionarios y la perseverancia de lucha para lograr las transformaciones económicas, políticas y sociales que llevaría a cabo la Revolución.

Seguidamente expresó: “Paradójicamente, en los instantes en que recibo este honor de ponerme al frente del Consejo de Ministros, no experimento sino una honda preocupación por la responsabilidad que se ha puesto sobre mis hombros, por la seriedad y la devoción que siempre he puesto en el cumplimiento de mi deber».

De esta manera, Fidel se comprometía con lo expresado en el Artículo 146 de la Ley Fundamental, certificada por el Secretario del Consejo de Ministros que exponía: Corresponderá al Primer Ministro dirigir la política general del Gobierno, despachar con el Presidente de la República los asuntos administrativos, y acompañado de los ministros, los propios de los respectivos departamentos.

En su discurso, estableció también el rumbo futuro de la nación, sin desconocer los peligros y obstáculos que tendría por delante. No obstante, una vez que terminara el acto público, inició la primera sesión del Consejo de Ministro. Allí llegarían las leyes más radicales de esa primera etapa, cuyo punto más alto sería la aprobación de la Primera Ley de Reforma Agraria y otras medidas prometidas al pueblo en el Programa del Moncada.

Sin dudas, este acto ocurrido hace 65 años atrás, cambió definitivamente el curso de una Revolución que se había hecho con el pueblo y para el pueblo.

Los días de guerrillero en la Sierra habían quedado atrás para Fidel y una nueva época había comenzado: la de construir un país más justo y soberano en medio de crecientes dificultades y avanzar en el proceso de transformación que el pueblo reclamaba.

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