En la primera mitad de la década de 1920, Cuba se encontraba en una encrucijada histórica. Bajo la sombra de la enmienda Platt y la creciente hegemonía económica de los Estados Unidos, la joven república neocolonial sufría las consecuencias del colapso de las vacas gordas (la crisis azucarera de 1920) y la corrupción rampante de sus gobiernos. En medio de ese panorama de despojo y dependencia, el proletariado cubano —fragmentado hasta entonces en pequeños gremios regionales y dividedo por divergencias ideológicas— dio un salto cualitativo hacia su madurez política.

Entre el 2 y el 7 de agosto de 1925, en la ciudad de Camagüey, se fundó la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). Este hecho constituyó el hito fundacional de la unidad sindical en Cuba, al constituirse como la primera central obrera de carácter nacional en la historia del país. La CNOC no solo unificó las luchas por mejoras salariales y laborales, sino que transformó al movimiento obrero en una fuerza política de vanguardia, antiimperialista y antimachadista.

La década de 1920 fue un período de profunda ebullición social en Cuba. Diversos sectores de la sociedad comenzaron a cuestionar el orden neocolonial:

El movimiento estudiantil y universitario: Liderado por figuras como Julio Antonio Mella, impulsó la Reforma Universitaria en 1923 y buscó una alianza estratégica con la clase trabajadora (fundación de la Universidad Popular José Martí).

Los intelectuales: Protagonizaron la Protesta de los Trece (1923) y fundaron el Grupo Minorista, inyectando un pensamiento crítico y antiimperialista a la cultura nacional.

El proletariado: Aunque combativo, el movimiento obrero padecía una alta dispersión. Existían múltiples gremios de zapateros, tabaqueros, tranviarios, portuarios y azucareros, pero carecían de una estructura centralizada capaz de coordinar huelgas a nivel nacional frente al patronato patronal y el Estado.

En este escenario, la creación de la Federación Obrera de La Habana (FOH) en 1921 —impulsada decisivamente por el líder tipógrafo Alfredo López— funcionó como el laboratorio político y organizativo necesario para demostrar que la unidad entre diferentes sectores obreros no solo era posible, sino indispensable.

Es imposible narrar la historia de la CNOC sin destacar la figura de Alfredo López (1894-1926). Tipógrafo de profesión, de filiación anarcosindicalista, López poseía una inteligencia organizativa excepcional y una devoción absoluta por la causa de los trabajadores. Se le conoce con justa razón como «El maestro de la unidad obrera».

Alfredo López comprendió tempranamente que el sectarismo ideológico era el mayor enemigo de la clase trabajadora. Superando las diferencias entre anarquistas, socialistas, comunistas e independientes, abogó por una plataforma única basada en la solidaridad de clase. Tras el éxito organizativo de la FOH en la capital, López y un grupo de destacados líderes sindicales asumieron la tarea de convocar a un congreso nacional que agrupara a los trabajadores de toda la isla, desde los puertos y tabacales de la capital hasta los cañaverales del oriente cubano.

La ciudad de Camagüey fue escogida estratégicamente como sede del III Congreso Obrero Nacional, celebrado del 2 al 7 de agosto de 1925. La elección de una ciudad del interior respondía al deseo de descentralizar la lucha y sumar al creciente proletariado agrícola y azucarero.

El congreso contó con la participación de más de 160 delegados que representaban a unos 128 sindicatos y gremios de todo el país, agrupando a más de 100,000 trabajadores asociados. Fue la asamblea obrera más diversa y representativa jamás realizada en Cuba hasta ese momento.

Durante las intensas jornadas de debate, el congreso aprobó la constitución oficial de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y definió sus estatutos y principios programáticos:

1. Unidad de clase: La CNOC se definió como una organización unitaria, independiente de los partidos burgueses y del gobierno.

2. Lucha de clases e internacionalismo: Declaró que los intereses del trabajo y del capital eran irreconciliables, manifestando su solidaridad con el movimiento obrero internacional.

3. Pliego de demandas: Se exigió la jornada laboral de ocho horas, el descanso semanal retribuido, la indemnización por accidentes de trabajo, la abolición del trabajo infantil y la equiparación salarial para las mujeres.

4. Antiimperialismo: Se condenó la injerencia extranjera en la economía nacional y la Enmienda Platt, vinculando la lucha reivindicativa obrera con la liberación nacional.

La CNOC nació como el fruto de una síntesis histórica. En su seno convivieron dos corrientes fundamentales:

El anarcosindicalismo: Aportó la estructura organizativa descentralizada, la acción directa, la huelga como arma de lucha y el rechazo a la burocracia.

El marxismo-leninismo: Que ganaba fuerza rápidamente en Cuba (apenas días después del congreso de Camagüey, el 16 y 17 de agosto de 1925, se fundaría en La Habana el primer Partido Comunista de Cuba por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella).

Con el paso de los años, el ala marxista dentro de la CNOC iría ganando hegemonía política, orientando al movimiento obrero hacia un análisis más profundo del imperialismo y la necesidad de la toma del poder político por los trabajadores.

La fundación de la CNOC coincidió casi exactamente con la toma de posesión de Gerardo Machado como presidente de la República (mayo de 1925). Machado inauguró un régimen de terror, violencia e híper-represión contra el movimiento popular, prometiendo «que en Cuba no habría huelgas de más de 15 minutos».

La CNOC se convirtió en el blanco principal de la represión machadista:

El asesinato de Alfredo López: En julio de 1926, el líder fundador fue secuestrado, asesinado y desaparecido por sicarios del régimen (sus restos serían encontrados años después en las faldas del Castillo del Príncipe).

Ilegalización y clandestinidad: Los locales sindicales fueron asaltados, decenas de líderes obreros fueron encarcelados, deportados o asesinados (como el líder ferroviario Enrique Varona).

Tras la muerte de Alfredo López y la persecución desenfrenada, la conducción de la CNOC fue asumida en la clandestinidad por el destacado poeta e intelectual revolucionario Rubén Martínez Villena.

A pesar de padecer una tuberculosis terminal, Villena desplegó una capacidad organizativa sobrehumana. Desde la asesoría legal y política de la CNOC, convirtió a la central obrera en el motor de la lucha contra la tiranía. Bajo su liderazgo:

• En marzo de 1930, la CNOC organizó una Huelga General de 24 horas que paralizó a más de 200,000 trabajadores en todo el país, demostrando la vigencia de la central clandestina.

• En agosto de 1933, la CNOC dirigió la histórica Huelga General Revolucionaria que derrocó definitivamente a la dictadura de Gerardo Machado.

La fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba marcó un antes y un después en la historia patria. Sus aportes más significativos pueden resumirse en los siguientes puntos:

1. Superación del gremialismo: Transformó el sindicalismo disperso en un movimiento coordinado con conciencia de clase a escala nacional.

2. Vinculación de la lucha social y nacional: La CNOC demostró que las demandas de los trabajadores (salario, jornada laboral) no podían desvincularse de la lucha política contra el imperialismo y las dictaduras neocoloniales.

3. Escuela de cuadros: En las filas de la CNOC se formaron los líderes sindicales más destacados del siglo XX cubano, entre ellos Lázaro Peña, el Capitán de la Clase Obrera.

4. Antecedente directo de la CTC: La CNOC funcionó como la estructura organizativa previa y la fragua moral que hizo posible, en 1939, la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

A casi un siglo de su fundación en los campos de Camagüey, la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) permanece como un monumento a la unidad, la valentía y la madurez política del proletariado cubano.

Los jóvenes artesanos, tabaqueros, tranviarios y campesinos que en agosto de 1925 superaron prejuicios, persecuciones y distancias para fundar la CNOC dejaron un legado imperecedero: la certeza de que la clase trabajadora solo es invencible cuando camina unida y organizada en defensa de su dignidad y su soberanía.

Deja una respuesta