Un hombre se estuvo preparando toda la vida para subir a la cima del Aconcagua. Cuando sintió que ya estaba listo, comenzó la expedición, pero quiso hacerla solo.
Comenzó a subir y el cielo se oscureció. Pero él siguió subiendo. En un momento, el montañero cayó por un precipicio a gran velocidad. Pero, justo cuando llevaba un buen tramo cayendo en el vacío, un fuerte golpe le frenó en seco.
Como escalador experimentado, había asegurado su ascenso con una cuerda y ahora esta le sostenía en el vacío. Con un pequeño hilo de voz, y las manos congeladas por el frío, gritó:
“– ¡Dios, ayúdame!”
Para su sorpresa, una profunda voz le respondió: “– ¿De verdad crees en Mí?”
– ¿Eres Dios? ¡Ayúdame! ¡Confío en Ti!”
“– Entonces, corta la cuerda que te sostiene.”
El hombre se quedó petrificado, en silencio, sin saber qué hacer….
Al día siguiente, unos montañistas descubrieron el cuerpo sin vida de aquel hombre, con las manos congeladas y aferradas a una cuerda que le sostenía a menos de dos metros del suelo.
Moraleja: Quien no arriesga, no vive. Corta la cuerda que te impide avanzar.
Fuente: Internet
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