Tomado de Cubadebate

Los sellos de timbre han ganado notoriedad en los últimos tiempos. No solo, quizás, por su escasez en las unidades de Correos de Cuba —donde único se comercializan de forma estatal—, sino por ser, tal vez, el único producto, en este desatino inflacionario tan cotidiano, que ha logrado multiplicar hasta 100 y un poco más su valor.

Y no exagero. Aunque algunas denominaciones son más costosas que otras, el precio de reventa de los sellos de timbre en el mercado informal provoca, cuando menos, infartos: 600 pesos los sellos de 5 pesos —pese a que recientemente una publicación los proponía a 150—; 1 000 pesos los de 500; 2 500 pesos los de 1 000 y hasta 5 000 pesos pedían por los de 500 y los de 1 000. Las tarifas se van elevando en la misma medida que suben las denominaciones.

Todos lo ven y muchos compran; mas, pocos —para no pecar de absoluto— denuncian o sancionan. La escasez y la venta estatal a cuentagotas, que no logra satisfacer la creciente demanda, han provocado, en parte, que los sellos se coticen casi como un producto de primera necesidad.

Según informaron trabajadores y directivos de Correos de Cuba en el Ariguanabo expresan que los sellos pertenecen a la Oficina Nacional de la Administración Tributaria y a Correos solo le corresponde la responsabilidad de comercializarlos según la disponibilidad; que la gran demanda a fines del pasado año y principios de este provocó como nunca el agotamiento de los sellos físicos en la isla y conllevó a una emisión adicional de estos productos.

La demanda de los sellos se ha elevado exponencialmente a causa de las solicitudes para trámites migratorios o para otros procesos que pueden ir desde la inscripción de vehículos hasta la obtención del carné de identidad.

La mayoría de los sellos empleados son los de la denominación de 5 pesos, y al cierre de noviembre se habían expedido 2 550 000 certificaciones por parte de estas oficinas, lo cual da una medida de la alta demanda que tienen estos”, aseguraba Plutín Santos.

Y por lo que se vive no son cifras que tiendan a decrecer tampoco este año. Desde mi punto de vista, lo que no debiera seguir sucediendo es que hasta los sellos se conviertan en un negocio, que adquirir uno resulte una verdadera odisea, que no se puedan aprovechar debidamente las facilidades de la tecnología como está dispuesto o que, en el peor de los casos, haya que seguir pagando los sellos a precio de oro y no pase nada.

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