Hoy quiero detenerme en un tema que, por cotidiano, a veces se vuelve invisible. Pero no debería. Hablamos de la basura. De esos montículos que crecen en las esquinas, que se adueñan de terrenos baldíos y que, como un mal silencioso, amenazan nuestra salud y nuestra dignidad como ariguanabenses.
Y lo peor: no es un secreto. Todos lo ven. Todos lo saben. Incluso los directivos, los organismos, las organizaciones. Pero nadie resuelve.
¿Debemos esperar a que se desate una epidemia?. Porque, amigos, cuando la basura se acumula, no solo afea el paisaje. Atrae vectores, contamina el suelo, el agua, el aire. Y en un país con limitaciones de recursos, una enfermedad evitable nos cuesta mucho más que una planificación mínima de recogida.
Es cierto, no hay combustible como antes. Los transportes de recogida no llegan todos los días. Pero, ¿acaso eso justifica cruzarnos de brazos? ¿Dejar que la indisciplina campé a sus anchas, que cada cual tire sus desechos donde le venga en gana, sin control?
Todo sabemos cuáles son los lugares donde hay vertedero, en la esquina de la dirección de cultura, en los alrededores de la antigua secundaria básica Roberto, en lo que conocemos como almacén de víveres, la calle nodarse cada tres o cuatro cuadras y otros lugares más.
Aquí no se trata solo de la ineficiencia estatal. También es un asunto de valores. De responsabilidad social. De lo que les enseñamos a nuestros niños cuando ven que los adultos tiran una bolsa en la acera como si nada. Ese es el legado que estamos dejando.
No podemos seguir subestimando la basura. No es un problema menor. Es un síntoma de nuestra capacidad de organización, de nuestra solidaridad y de nuestro respeto por el prójimo. La unidad, ese principio que tanto pregonamos, tiene que ponerse a prueba también aquí, con las manos a la obra, buscando soluciones colectivas, sin esperar a que todo venga de arriba.
San Antonio de los Baños merece calles limpias, espacios dignos y un futuro donde la basura no sea sinónimo de abandono. Porque el pueblo somos todos, y el pueblo paga las consecuencias, pero también puede ser el principal artífice del cambio.
No miremos hacia otro lado. Actuemos. Que la próxima imagen que nos llegue no sea la de un vertedero a la vista de todos, sino la de una comunidad que, unida, decidió poner fin a esta suciedad.
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