Cada 28 de julio vuelve el recuerdo de Haydée Santamaría Cuadrado, una mujer cuya vida quedó unida para siempre a la historia de la Revolución Cubana y al desarrollo de la cultura nacional. Su partida física, en 1980, dejó un profundo vacío, pero también el legado de una obra que continúa inspirando a generaciones de artistas e intelectuales.
En San Antonio de los Baños, su nombre despierta una memoria especial. Corría el año 1679 cuando llegó al municipio para participar en la Primera Bienal Internacional del Humor, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la vida cultural de la Villa del Humor. Su presencia fue un reconocimiento a la fuerza del arte como herramienta para unir a los pueblos.
Durante aquella visita quedó inaugurada la emblemática Taberna, espacio que desde entonces ha recibido a humoristas, creadores y visitantes de diversas partes del mundo. Como símbolo de esperanza y permanencia, Haydée sembró un árbol en ese lugar, un gesto sencillo que con el paso de los años se convirtió en una hermosa metáfora: las ideas, al igual que los árboles, necesitan raíces profundas para crecer y ofrecer sombra a las futuras generaciones.
Quienes fueron testigos de aquellos días recuerdan su sencillez, su sensibilidad y el interés con que compartía con artistas y pobladores. Su cercanía dejó una huella que aún permanece en la memoria de los ariguanabenses, quienes la evocan no solo por su dimensión histórica, sino también por la calidez humana que transmitía en cada encuentro.
Hoy, cuando el calendario vuelve a señalar el 28 de julio, San Antonio de los Baños recuerda a Haydée Santamaría mirando también hacia ese árbol que un día sembró con sus propias manos. Allí sigue, como un silencioso guardián del tiempo, recordándonos que las obras nacidas del amor, la cultura y el compromiso jamás dejan de florecer.
Erica De la Nuez
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