Cienfuegos guarda entre sus calles una historia escrita con valor y sangre. Cada 5 de septiembre, la ciudad vuelve la mirada hacia 1957, cuando sus habitantes fueron testigos y protagonistas de una de las acciones más audaces contra la dictadura de Fulgencio Batista. No fue un día cualquiera: fue la jornada en que la rebeldía tomó las calles y un pueblo demostró que el miedo no podía apagar sus ansias de libertad.
En el Distrito Naval del Sur comenzó aquel levantamiento protagonizado por marinos y civiles comprometidos con la lucha revolucionaria. La ciudad se sumó a la insurrección y durante varias horas los revolucionarios mantuvieron posiciones estratégicas. Pero la respuesta de la dictadura fue violenta y terminó imponiendo su fuerza sobre los sublevados. Muchos combatientes cayeron en aquella desigual batalla, entre ellos jóvenes que hicieron de sus ideales una razón para vivir y, llegado el momento, para morir.Entre esos nombres que la historia se niega a olvidar está el de Alejandro González Brito, joven revolucionario cienfueguero vinculado a la lucha contra la tiranía. Su participación y posterior muerte lo convirtieron en uno de los mártires asociados a aquella jornada de septiembre. Como tantos hombres y mujeres de su generación, comprendió que permanecer indiferente ante la injusticia también significaba renunciar al futuro que soñaba para su patria.
La historia de Alejandro González Brito se enlaza, por eso, con la del 5 de septiembre. Su vida representa el sacrificio de una juventud que asumió la lucha revolucionaria con la convicción de que Cuba necesitaba un cambio profundo. Aquel día, Cienfuegos no solo combatió con las armas; también puso de manifiesto la fuerza de un pueblo dispuesto a acompañar a quienes se enfrentaban a la dictadura.El levantamiento fue finalmente derrotado y dejó tras de sí una estela de dolor. Las calles que horas antes habían sido escenario de esperanza quedaron marcadas por la violencia y la muerte. Sin embargo, la derrota militar no consiguió borrar el significado de aquella jornada. Los nombres de quienes participaron en ella quedaron incorporados a la memoria de una ciudad que todavía los recuerda.
Alejandro González Brito pertenece a esa memoria. Su nombre permanece unido a una generación que no se resignó y que encontró en la lucha el camino para defender sus ideales. Recordarlo es también recordar a todos aquellos que, desde diferentes trincheras, hicieron posible que la historia de Cuba avanzara hacia nuevos horizontes.

Porque hay fechas que no envejecen y nombres que no desaparecen. El 5 de septiembre sigue siendo una fecha de memoria y homenaje. Y en Cienfuegos, cada vez que se recuerda aquel 1957, vuelve a escucharse, desde la distancia de los años, el eco de una ciudad que se levantó por la libertad y de jóvenes como Alejandro González Brito que entregaron lo más valioso por sus ideales.
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