“No solo celebramos, recordamos por qué luchamos”. Cada 25 de mayo, esa frase resuena en las calles de las capitales africanas y también en los barrios de nuestra Cuba, donde la huella del tambor y el orisha es imposible de borrar. El Día de África, que conmemora la fundación de la entonces Organización para la Unidad Africana (OUA) en 1963, se vive como una mezcla de orgullo histórico, justicia económica, fin de los golpes de Estado y reparación climática.
Hermanados con la memoria de los pueblos, nos hacemos eco de una jornada que en el continente africano se despliega con fuerza. En Dakar, la Plaza de la Independencia amanece con murales que retratan a Thomas Sankara y Patrice Lumumba. Los jóvenes no saben que antes de la OUA muchos países todavía gemían bajo el yugo colonial.
Pero la fecha no es solo festiva. En Nairobi, colectivos feministas visibilizan la violencia de género en los Grandes Lagos; en Johannesburgo, estudiantes marchan exigiendo becas completas bajo el lema “Queremos los recursos de nuestro suelo”. Porque, como recuerda la Unión Africana en cada conmemoración, “la independencia política sin independencia económica es solo un cambio de administración”.
La comunidad afrocubana le rinde culto a los ancestros con toques de batá y rezos en lucumí. A Cuba y al continente africano nos une tradiciones e historia.
Aunque no haya una celebración oficial, Cuba y África comparten historia de solidaridad, desde las misiones internacionalistas hasta la presencia viva de las religiones yoruba, bantú y abakuá en la isla.
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