El tema de la acumulación de desechos sólidos en San Antonio de los Baños no es nuevo, pero en los últimos meses se ha vuelto insostenible. Las esquinas se convierten en vertederos improvisados y el paisaje urbano se deteriora día tras día.
La causa principal es conocida por todos: la falta de combustible para los tractores recolectores. Sin diésel no hay transporte, y sin transporte la basura no sale. Esa es la realidad, y es una consecuencia directa de las condiciones de bloqueo que limitan el acceso a los recursos más elementales.
Pero el problema no es solo estético. Es un asunto de salud pública. La basura acumulada atrae vectores, genera malos olores y contamina el entorno. Los niños juegan en calles donde no deberían, los vecinos conviven con olores nauseabundos y el riesgo de enfermedades aumenta. Eso no es opinión, es un hecho.
Ahora bien, aunque la solución depende en gran medida de factores externos que escapan al control municipal, también hay algo que podemos hacer mientras tanto. No se trata de resignarse, sino de organizarse. Reducir la generación de residuos, separar la materia orgánica, no sacar la basura si no hay certeza de que pasará el camión. Son pequeñas acciones que, sumadas, alivian el impacto.
San Antonio de los Baños merece estar limpio. La voluntad de su gente ha demostrado ser más fuerte que las adversidades en otras ocasiones, y esta no debería ser la excepción. Ojalá el combustible llegue pronto, ojalá los tractores vuelvan a rodar y ojalá este problema encuentre una solución definitiva. Mientras tanto, la responsabilidad individual es lo único que nos queda para no dejar que la basura nos gane la batalla.
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