El 24 de julio de 1993 partió físicamente René de la Nuez Pereda, pero dejó sembrada una huella que el tiempo no ha logrado borrar. Barbero de oficio, apasionado coleccionista de cactus y de otras variedades de plantas, fue un hombre que encontró en la naturaleza una forma de amar y servir a su pueblo.
Nacido en San Antonio de los Baños el 9 de octubre de 1911, fue un ariguanabense respetado y querido por todos. Su amor por el medio ambiente se reflejaba en cada planta que cultivaba con paciencia, dedicación y esperanza, convirtiendo su colección en un verdadero tesoro de vida.
Tras su fallecimiento, una parte importante de esa valiosa colección de cactus fue donada al Jardín Botánico, donde continúa inspirando a quienes descubren la belleza y el valor de la naturaleza. Fue una manera de hacer que su legado siguiera creciendo, como las plantas que tanto cuidó.
Con el paso de los años, sus hijos, René Raúl y Rolando, han honrado el apellido De la Nuez con la misma sencillez, respeto y amor por su tierra. Han mantenido viva la memoria de un hombre cuya mayor riqueza no estuvo en lo material, sino en los valores que sembró en su familia y en su comunidad.
Hoy, recordarlo es comprender que hay personas que nunca se marchan del todo. Permanecen en las flores que brotan, en los cactus que resisten el paso del tiempo y en el cariño de quienes aún pronuncian su nombre con admiración. Para su familia, y especialmente para quienes llevan su sangre, René de la Nuez Pereda sigue siendo mucho más que un recuerdo: es una raíz profunda que sostiene la historia, el orgullo y el amor por San Antonio de los Baños.
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