En cada rincón de nuestra villa, la limpieza habla de nosotros. Mantener la higiene es una tarea de primer orden si queremos un Ariguanabo digno, saludable y habitable para todos.
A veces lo vemos como algo secundario, pero la realidad es otra. Una calle limpia, un parque sin desechos, un río que no esté invadido por la basura es el resultado de la responsabilidad compartida entre vecinos, instituciones y autoridades. Algo que no ocurre en nuestros tiempos.
Y no se trata solo de estética. La higiene cuida nuestra salud directamente. Cuando dejamos acumular desechos, cuando el agua estancada se convierte en un problema recurrente, cuando los patios y solares se llenan de cachivaches, estamos abriendo la puerta a enfermedades que nos afectan a todos. Esa es una verdad que no podemos ignorar.
Por eso, actuar a tiempo es más efectivo que lamentar después. Un sencillo hábito como barrer la acera, tapar los depósitos de agua, no tirar basura en lugares indebidos o participar en las jornadas de limpieza organizadas en el barrio marca la diferencia.
El río Ariguanabo, que tanto nos identifica, también nos reclama atención. No podemos seguir permitiendo que lleguen vertidos o desechos a sus aguas. Cuidarlo es cuidar nuestra propia imagen como villa.
La buena noticia es que no hacen falta grandes recursos para empezar. Basta con la decisión de cada persona, la vigilancia colectiva y el compromiso de no mirar hacia otro lado. Las autoridades locales pueden planificar, recoger y sancionar, pero el día a día, la limpieza de verdad nace en cada casa, en cada cuadra, en cada ciudadano.
Que el pueblo de San Antonio esté limpio es una posibilidad real, si asumimos que mantener la higiene es, efectivamente, tarea de primer orden. No delegable y no postergable. Empecemos hoy.
Maybeline Matamoros Álvarez
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