Hay edificios que no mueren cuando caen sus paredes, sino cuando dejamos de recordarlos. El Círculo de Artesanos de San Antonio de los Baños aún respira, aunque no lo parezca. Su historia comenzó el 23 de octubre de 1881, cuando un grupo de tabaqueros y artesanos —hombres de manos callosas y dignidad inquebrantable— decidieron que la cultura no podía seguir siendo privilegio de unos pocos.
Todo nació de una herida. Un joven tabaquero, lleno de ilusión, se atrevió a entrar al salón de baile de la aristocracia local. Lo humillaron. Le hicieron saber que allí no pertenecía. Aquella afrenta se convirtió en rebeldía. José Herrera, Tiburcio Duque, Francisco Morales, Juan Cantalapiedra, Manuel Trejo, Francisco Calderón, Carlos Cepero, Martín Llanes, Francisco Ubeda, Pepe Ramos y Lucas Valenzuela —nombres que merecen ser pronunciados— fundaron su propio espacio. Bajo la presidencia de Manuel Prieto nació el Círculo de Artesanos: un lugar donde nadie fuera menos que nadie.
Sus salones fueron cuna de sueños. Allí se escuchó la música que aún no tenía nombre, se pintaron las primeras caricaturas personales de Cuba en 1915, y el joven Benny Moré —antes de ser el Bárbaro del Ritmo— llenó el aire con su voz prodigiosa.
En sus paredes se conspiró por la libertad cuando la tiranía de Batista ahogaba a la isla. El Frente Obrero Nacional Unido se reunió allí para apoyar la huelga general revolucionaria. El Círculo no era un edificio: era un pueblo.
Pero el tiempo fue implacable. Hoy, en la Avenida 39 esquina 60, solo queda el recuerdo. Ventanas rotas, paredes descascaradas y húmedas, ecos de boleros y risas que se niegan a morir. Desde el 2015, reportes periodísticos denuncian lo mismo: ruina, abandono, indiferencia. Los jóvenes no saben qué fue aquel lugar. Los viejos bajan la mirada al pasar frente a él.
Es doloroso escribirlo. Doloroso saber que el espacio que nació contra la humillación yace ahora en el olvido.
Pero esta crónica no es despedida. Es un llamado. Porque mientras alguien recuerde el 23 de octubre de 1881, mientras alguien pronuncie los nombres de sus fundadores, mientras alguien se detenga frente a esa esquina y sienta que allí latió el corazón de un pueblo, el Círculo de Artesanos no habrá muerto del todo.
San Antonio de los Baños le debe demasiado. La memoria, a veces, es la única forma de justicia que queda.
«No se muere cuando el cuerpo se detiene. Se muere cuando el pueblo olvida.»
Yely Pupo
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