En la imagen: Manuel Morales y su esposa Aymé Lamar, ambos periodistas de Radio Ariguanabo en la etapa de emisora territorial.

La historia de Manuel Morales Hernández es, en esencia, la historia de un descubrimiento -el de la radio- como espacio de creación y aprendizaje. Su testimonio revela cómo Radio Ariguanabo se convirtió en la puerta de entrada a un universo que definió para siempre su vida profesional y humana. Desde el estudio municipal de Bejucal hasta su labor actual como jefe de corresponsales en Radio Progreso, su recorrido es también el reflejo de la evolución de la radio cubana y de la permanencia de un espíritu que, a pesar de los cambios tecnológicos, sigue siendo el mismo: comunicar, acompañar y unir.

Su testimonio

«Radio Ariguanabo marcó mi inicio en la radio y mi descubrimiento de este mundo mágico y maravilloso: hacer llegar la voz a un equipo receptor y saber que muchísimas personas podían escucharte. Era algo genial, una emoción increíble.Yo apenas tenía 13 años y estudiaba la secundaria básica en Bejucal cuando me acerqué al Estudio 4 de Radio Ariguanabo, ubicado en este municipio. Eran estudios municipales, una especie de corresponsalías que se enlazaban mediante una línea telefónica conmutada —lo que entonces llamábamos “línea de radio”— y desde allí se realizaban reportes en vivo o grabados para distintos espacios.

«En mi caso, como corresponsal pioneril, comencé a participar en programas de corte juvenil. No solo salía al aire en Radio Ariguanabo, sino que desde allí tributaba a casi toda la cadena de radio de La Habana, que en aquel momento incluía cinco emisoras: Radio Artemisa, Radio Jaruco, Radio Camoa, Radio Güines y Radio Ariguanabo. Era algo tremendo. Aportábamos informaciones por vía telefónica, con muchas dificultades debido a las comunicaciones, pero siempre lográbamos superarlas. Nuestras colaboraciones se centraban, sobre todo, en el ámbito estudiantil y juvenil. Recuerdo especialmente el espacio «La hora del estudiante», de Radio Cadena Habana, y en Radio Ariguanabo, el programa 2761 y su cadena de voces amigas, que resultaba muy emocionante. Era un espacio con mucha audiencia y muchísimos seguidores. Incluso incluía felicitaciones de cumpleaños que se transmitían desde los municipios. Fue una experiencia realmente hermosa. Así transcurrió la etapa del preuniversitario.

«Luego, en 1996, me incorporé profesionalmente a la emisora como redactor asistente en Bejucal. Más tarde cursé la carrera universitaria y me capacité como redactor-reportero. Para entonces ya habíamos pasado a Radio Mayabeque, debido a la creación de la nueva provincia, a la que se incorporó Bejucal. Sin embargo, aquel origen en Radio Ariguanabo fue precioso. Tengo que mencionar especialmente a la persona que me recibió y me dio la oportunidad de entrar en la radio: mi maestro, Hugo Longino Canciano González, corresponsal de Radio Ariguanabo en Bejucal. Hugo era una persona muy querida en el pueblo, un animador extraordinario, con un carisma enorme y una vocación muy especial por la radio. Aunque tenía una voz ronca y algunos problemas de dicción, poseía un gran deseo de enseñar. Su verdadera vocación era la de maestro y profesor. Durante muchos años se desempeñó como profesor de Educación Física e incluso condujo una rutina de ejercicios, grabada y transmitida en vivo por la radio, para que las personas pudieran entrenar y mantenerse en buena forma durante las mañanas. Recuerdo aquella etapa con muchísimo cariño. Los años 80 fueron maravillosos para la radio. Yo llegué en 1987 y me atrevería a decir que fue la época de oro de la radio municipal; incluso, quizás, el único momento en que existió en Cuba una verdadera radio comunitaria. Ese fue mi inicio en Radio Ariguanabo.

«Después trabajé allí desde 1996 hasta 2011, cuando surgió la provincia de Mayabeque. En 2013 pasé a Radio Progreso, primero como corresponsal en Mayabeque. Actualmente continúo vinculado a la radio y me desempeño como jefe de corresponsales y de los grupos de corresponsales de Radio Progreso, donde coordino el trabajo de compañeros de distintas provincias. Pero Radio Ariguanabo siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón. Allí estuvieron mis primeros compañeros, mis maestros y mis compañeros de toda la vida. Algunos, lamentablemente, ya no están físicamente entre nosotros, pero los recuerdo con mucho cariño: mi maestro Hugo Longino Canciano, Elisa Franchi-Alfaro y Freddy Díaz, maravillosos compañeros del informativo.

«Me alegra mucho que la emisora llegue a este aniversario, a sus 55 años. Me siento muy feliz por el logro. En los 50 años estuvimos juntos y fue una celebración maravillosa. Envío todo mi cariño y un gran abrazo a su colectivo, que actualmente, en medio de tantas dificultades, mantiene esa señal en el aire.

Hoy la radio ya no es solamente radio, es también multimedia, fotografía, video, redes sociales, audio bajo demanda y transmisión en streaming a través de Internet. Todo eso forma parte de la radio contemporánea, y también de Radio Ariguanabo. Lo que antes era una emisora que transmitía apenas con un kilowatt de potencia para cinco municipios, hoy puede llegar a todo el mundo mediante Internet. Ya no tiene fronteras ni límites espaciales, se ha vuelto universal. Un gran abrazo y muchas felicidades a Radio Ariguanabo en este nuevo aniversario».

El testimonio de Manuel Morales confirma que la radio es una escuela de vida, un espacio de afectos y una comunidad que se construye día a día. Radio Ariguanabo no solo le abrió las puertas a un adolescente curioso; también sembró en él una vocación que hoy continúa floreciendo en nuevos escenarios y plataformas. En su voz se reconoce la historia de una emisora que ha sabido transformarse sin perder su esencia, y que celebra 55 años con la certeza de seguir acompañando, informando y emocionando a quienes la escuchan dentro y fuera de Cuba.

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