Ángel Boligán tenía apenas 13 años cuando, en 1979, asistió como espectador a la primera Bienal Internacional del Humor. Aquel evento, junto a la fundación del Museo del Humor, fue —como él mismo recuerda— “la puerta, la casa que nos abrió el camino a la carrera que continuamos por el resto de nuestra vida, la caricatura”. Ese descubrimiento definió para siempre su destino artístico.
En 1980, el Museo del Humor y Radio Ariguanabo organizaron un concurso para estimular a los jóvenes caricaturistas. Boligán, que ya frecuentaba el museo y tenía vínculos con su director, Miguel Ángel Miqueli, decidió participar.
Tenía 14 años cuando obtuvo una mención con una caricatura de Enrique Redondo, quien interpretaba el famoso Bernabé en el programa televisivo Detrás de la fachada. Aquel reconocimiento lo motivó profundamente. “Ese sabor, ese reconocimiento me marcó para siempre, aún siento esa noche y la recuerdo con tanto cariño”. Ese fue, como él mismo dice, “la primera patadita” que lo impulsó a seguir en el camino del humor gráfico.
En 1981, durante la segunda Bienal Internacional del Humor, Boligán vivió uno de los momentos más simbólicos de su juventud artística. Fue invitado a dar la primera pincelada del mural colectivo del recién inaugurado Parque del Humor. Radio Ariguanabo estuvo allí acompañándolo, entrevistándolo y difundiendo el acontecimiento.
Él lo recuerda así: “Me fueron a buscar a la escuela al campo para que yo diera la primera pincelada a este mural, como el caricaturista más joven de América Latina, según decía Radio Ariguanabo”. La emisora, desde primera línea, registró cada instante de aquel día que Boligán describe como “un honor y un recuerdo maravilloso”. Después de aquellos primeros trazos le entregó el pincel a Juan David, el más longevo de los caricaturistas en aquella época.
El vínculo con la emisora se extendió más allá de los concursos y las entrevistas. Boligán conserva una memoria afectiva de quienes trabajaban allí: “Magaly Pérez, Maida González, Elisa Franchi Alfaro, Juan Carlos Roque, con quien aún mantengo un vínculo increíble”. También menciona a generaciones más jóvenes que siguen conectadas con la emisora y con la vida cultural del pueblo.
Para él, la radio fue un espacio de acompañamiento y amistad: “La prensa, y en este caso la radio, jugó un papel maravilloso, ese empujoncito de la radio y del museo todavía lo estoy sintiendo a la distancia”.

A finales de los años ochenta, en medio del movimiento de artistas gráficos que llenaba de vida las vidrieras del pueblo, Boligán creó el indito conocido como Ariguanabito, la imagen que aún identifica a Radio Ariguanabo.

Así lo cuenta: “En algún momento también creé el indito, con su grabadora antigua de cinta y lanzando en vez de una flecha un micrófono. Lo realicé en una hoja sencilla y lo entregué. Nunca pensé que sobreviviera tanto tiempo”. Años después, ya viviendo en México, encontró el lumínico con su creación y sintió una enorme alegría al ver que seguía siendo la imagen de la emisora.
Con humor, reconoce que hoy habría que actualizarlo. “Esas grabadoras de cinta y esos micrófonos con cable tipo teléfono ya no se usan. Habría que ponerle un chip o un simple celular”. Así lo dibujó nuevamente para nosotros hace varios años.

La relación entre Ángel Boligán y Radio Ariguanabo es una historia de acompañamiento mutuo. La emisora motivó y difundió el talento de un joven artista, y Boligán dejó una huella gráfica que forma parte de la identidad cultural de San Antonio de los Baños. Como él mismo afirma, “así comenzó el vínculo con Radio Ariguanabo y yo creo que va a ser por siempre”.
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