Rita Aurelia Fulceda-Montaner y Facenda nació en Guanabacoa, La Habana, el 20 de agosto de 1900. Rita Montaner como se le conoce fue una soprano cubana; artista del teatro, la radio, el cine y la televisión. Constituye uno de los exponentes más universales de las artistas cubanas. Realizó estudios en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peyrellade, con Carmelina Pascual, solfeo; Pablo Meroles, teoría de la música, armonía, piano, y canto; en Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.
Mostro su talento y deleitó con su voz en los Conciertos de Música Típica Cubana organizados por el compositor Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta dirigida por el compositor Gonzalo Roig. Protagonizó la inauguración de la radioemisora PWX, con la orquesta dirigida por el compositor Luis Casas Romero.
En la Sala Falcón de La Habana, cantó con Lola de la Torre el dúo de la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli. Sobre la interpretación de esta obra, dijo Alejo Carpentier: «…La señora Montaner nos llamó la atención por su timbre de voz exquisito, que acaricia el oído, así como por su mucha seguridad al atacar las notas altas y su escuela inmejorable.»
¡Ay!, Mamá Inés quedó grabado por ella para inmortalizar ese pregón tan cubano. Argentina, Venezuela, Méjico, España, Nueva York en Estados Unidos y Paris Francia abrazaron su voz con Siboney, Carabalí y ¡Ay!, Mamá Inés. En Paris Alejo Carpentier expresó de su actuación: “No puede negarse la influencia que tuvo, el año pasado, la actuación de Rita Montaner, en esta invasión de aires tropicales. Rita Montaner, en el dominio de lo afrocubano, resulta insuperable. Es, en su género, intérprete tan fuerte como pudo serlo, en el suyo, una Florence Mills. Con ella nos situamos lejos de la lánguida dilettante vocal, que canta criollas melosas entornando los ojos y crispando los dedos sobre un abanico ochocentista”.
Rita Montaner creó un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta ñáñiga y pirulí premiado […]. Rita Montaner tiene el gran mérito de haberse especializado en la interpretación de ese folklore, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. Gracias a ella, sus compositores favoritos, Simons, Grenet, y otros, pueden ver sus canciones puestas en valor de modo admirable […].». Rita Montaner alcanzó una popularidad extraordinaria. Creó un estilo, imitado hasta la saciedad, afirmó Carpentier. Rita desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad. A su regreso a Cuba, se presentó en el teatro Encanto, y posteriormente en el Payret, Nacional (Gran Teatro de La Habana) y Campoamor.
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