Hoy conversamos con la licenciada en educación primaria Yanelin Sánchez Fara, docente con 20 años de experiencia y actual directora de la escuela primaria Alejandro González Brito. Su trayectoria y resultados la han convertido en referente del territorio, merecedora del Premio de la Ministra de educación.
¿De dónde nace esa vocación tan marcada por el magisterio?
Desde pequeña me motivé por esta noble profesión imitando a mis maestras de la infancia. Recuerdo que yo me decía: “cuando sea grande voy a ser como mi maestra Eneida, como Hilda”. Crecí en el círculo de interés pedagógico y me gradué en el proyecto de maestro en formación liderado por Fidel. Ya como maestra, me seleccionaron para dirigir la escuela primaria Le Thy Rieng durante ocho años, poniendo en práctica todos los valores y conocimientos adquiridos.
Directora, ¿cómo se prepara su institución ante el tercer perfeccionamiento educacional?
Ya instrumentamos los nuevos programas y orientaciones metodológicas. Cada maestro se autoprepara con los documentos digitales, que es lo que prevalece, y el consejo de dirección, junto a los coordinadores, se prepara para aterrizar todo lo nuevo en los escolares. A la vez, los proyectos educativos institucionales juegan un rol esencial para darle salida al tercer perfeccionamiento dentro del currículo.
¿Cómo concibe su rol de directora en la formación integral de los estudiantes, más allá de lo académico?
El director debe transmitirle a la familia el reglamento escolar, partiendo de los diferentes tipos de familias que tenemos. Esa preparación se logra desde las reuniones del consejo de escuela y el grupo de trabajo preventivo. Así vamos formando a los escolares para que estén a la altura del nuevo grado, corrigiendo hábitos inadecuados que a veces traen de casa. Ahí el director juega un rol decisivo, primero con la familia de los educandos y luego con los educadores.
Usted lidera un centro de referencia. ¿Cómo describe el entorno en que desarrolla su labor?
Me siento orgullosa. La escuela Alejandro González Brito cuenta con un colectivo estable, un equipo de padres dedicados y una comunidad maravillosa donde todos los factores intercambian. Es una institución que mantiene alta la motivación por el estudio y las actividades pioneriles. Ser parte de este equipo es un privilegio.
De cara al próximo curso 2026-2027, ¿en qué tareas se encuentra el centro?
Ya los coordinadores están en su autopreparación, estamos con la organización y distribución de mesas, sillas y la base material de estudio. Gracias al apoyo de los padres y la comunidad, las aulas se están pintando y declarando listas. La meta es que el 22 de julio nuestros educadores salgan de vacaciones con sus aulas preparadas para recibir a los escolares el primero de septiembre, sustentados en una cobertura docente estable y completa.
La historia local tiene un peso importante. ¿Cómo la vinculan con el aprendizaje?
Es vital para convertir el aprendizaje en algo cercano y desarrollar el sentido de pertenencia. Los escolares investigan sobre hechos y personajes de la localidad cuando visitan los museos del territorio, tarjas, monumentos históricos de la comunidad, también al visitar el Bosque Martiano del Ariguanabo con la asesoría de Felo, su creador.
¿Qué logros significativos destacaría de su institución?
Contamos con un claustro estable desde preescolar hasta sexto, con tres Másters que irradian preparación al personal novel. Además, formamos a los estudiantes de cuarto año de la escuela pedagógica mediante la tutoría y los círculos de interés. Cumplimos con todos los indicadores municipales, objetivos y prioridades del Ministerio, con resultados satisfactorios en promoción, asistencia y concursos. También nos acompañan figuras de gran experiencia, como dos jubiladas reincorporadas, se trata de Càndida Rodríguez Guerra y la presidenta del consejo de escuela Dalia William, ambas son una inspiración para guiar la educación ariguanabense actual.
Ese camino la llevó a recibir el Premio de la Ministra de Educación. ¿Qué representa para usted?
Un orgullo inmenso. El consejo de dirección municipal lo determinó a partir de los resultados de las dos escuelas que he dirigido. Mi papel ahora es orientar a los nuevos directores y a quienes optan por carreras pedagógicas. Este reconocimiento y la medalla por la educación son fruto del trabajo constante, pero sobre todo del amor y la vocación por la tarea más noble que existe.
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