Hay hombres que se hacen imprescindibles no por el ruido de sus palabras, sino por la huella profunda de sus actos. El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez fue uno de esos hombres. Nacido en Artemisa un 28 de abril de 1932, forjado en la humildad y templado en la lucha, su vida entera fue un recorrido ininterrumpido por los caminos de la historia de Cuba. El que nos ha dejado físicamente, a los 94 años, no fue un espectador, sino un protagonista de cada una de las batallas fundacionales de nuestra Revolución.
Su historia comienza en la cuna de la rebeldía. Hijo de una madre cespedista y martiana, Ramiro Valdés creció con el sentido de la justicia en la sangre. Muy joven, trabajó como aprendiz de liniero y en los cortes de caña, viendo de cerca la explotación que sufrían los trabajadores. El Golpe de Estado de 1952 lo encontró en un central azucarero, y fue entonces cuando supo que la hora de la acción había llegado.
Su bautismo de fuego fue el 26 de julio de 1953. Junto a Fidel y a otros jóvenes artemiseños, asaltó el Cuartel Moncada. Ese acto de valor lo llevó a la prisión en Isla de Pinos, y más tarde al exilio en México. Pero nada detuvo su empeño. Desde México, partió como expedicionario del yate Granma, siendo uno de los 82 hombres que, a bordo de aquella pequeña embarcación, regresaron a Cuba para iniciar la guerra definitiva.
Ya en la Sierra Maestra, su capacidad y su temple lo elevaron al grado de Comandante. Fue entonces cuando se unió a la Columna Invasora Número 8, al mando del Che Guevara, y como su segundo jefe, protagonizó la batalla decisiva de Santa Clara, que selló la victoria del Primero de Enero de 1959.
El triunfo de la Revolución no fue un final, sino un nuevo comienzo para Ramiro Valdés. Ocupó responsabilidades clave: fue segundo jefe de la Cabaña, jefe de los órganos de Seguridad del Estado en tiempos de Playa Girón. Durante décadas, fue viceministro primero de las FAR, ministro de la Informática y las Comunicaciones, y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Fue, además, miembro fundador del Comité Central del Partido y de su Buró Político.
Pero si hubo un acto que habla de su lealtad y su entrega fue aquel que lo llevó a buscar, exhumar y traer de vuelta a Cuba los restos del Che Guevara y sus compañeros caídos en Bolivia. Un gesto de justicia que quedará grabado en la memoria de nuestro pueblo.
Este domingo 21 de junio, que conincidio con el Día de los Padres, el comandante Ramiro Valdés Menéndez partió físicamente.
Cuba se viste de luto. Se nos va un hombre que dedicó cada uno de sus 94 años a la defensa de la Patria. Un Héroe de la República de Cuba y del Trabajo. Un ejemplo de consagración y fidelidad absoluta.
Ramiro Valdés Menéndez, Comandante de la Revolución. Su nombre y su legado permanecerán para siempre en el corazón de los cubanos.
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