San Antonio de los Baños, Artemisa, Cuba. – El Ariguanabo guarda en su geografía cultural un espacio único en Cuba, el Parque del Humor, inaugurado el 24 de abril de 1981 durante la segunda Bienal Internacional de Humorismo Gráfico. Aquel día quedó abierto al público un sitio concebido para celebrar la tradición humorística ariguanabense, con un Mural Central confeccionado por reconocidos artistas del país.
Años más tarde, el 6 de julio de 1994, la Asamblea Municipal del Poder Popular acordó nombrarlo “Rubén Suárez Quidiello”, en homenaje a uno de los grandes artistas y promotores culturales del municipio. Desde entonces, el parque se ha convertido en un símbolo de identidad, un espacio donde conviven la memoria artística, la historia del humor cubano y la vida cotidiana del pueblo.

Un niño, un hallazgo y un gesto que preserva la memoria
Como parte del trabajo del Museo del Humor para garantizar la continuidad generacional del humorismo local, recientemente salió a la luz la labor de un adolescente que, sin proponérselo contribuyó a la preservación del patrimonio gráfico del municipio.
Se trata de César Cuan Álvarez, estudiante de séptimo grado de la ESBU “Rafael Valdés Pérez”, quien con solo 12 años decidió reproducir los bajorrelieves del Parque del Humor, muchos de ellos deteriorados por el paso del tiempo.
Su descubrimiento ocurrió casi por casualidad. Durante una excursión escolar, mientras el resto del grupo se entretenía, César se alejó un poco y comenzó a observar los muros del parque. “Me puse a caminar y encontré las obras. Me di cuenta. Hay mucha gente que no sabe que eso está ahí, no se ha percatado”.
Intrigado por las figuras, decidió fotografiarlas para estudiarlas con calma en casa. Allí comenzó a replicarlas una por una. “Le tiré fotos, las llevé a la casa y más tranquilo las empecé a replicar. También repliqué las firmas”, cuenta el joven.
Su interés por la historieta cubana, alimentado por un libro de la cincuentenaria revista Palante que conserva en casa, le permitió identificar a varios de los autores representados en el parque: Lillo, creador de Matojo; Wilson; José Luis; Blanco; Cecilio, de Cecilín y Coti; y otros nombres esenciales del humor gráfico nacional.
Aunque no reprodujo todas las piezas, sí logró rescatar varias de las figuras más visibles, aportando referencias valiosas para el proceso de restauración del parque. Solo después comprendió la importancia de lo que había hecho. “Después Jesús (director del Museo del Humor) me lo dijo y sí me di cuenta. Ayudé cantidad al trabajo de restauración”.

Un gesto que inspira
César disfruta dibujar, aunque no se considera aún un concursante habitual. Le atraen las historietas, los personajes, el diseño, la mezcla de texto e imagen que hace más ligera la lectura. Su gesto espontáneo, mirar con atención donde otros pasan de largo, se ha convertido en un aporte real a la conservación del patrimonio humorístico de San Antonio de los Baños.

El Museo del Humor reconoce en él a un estudiante talentoso y un ejemplo de cómo la curiosidad, la sensibilidad y el amor por la cultura pueden nacer temprano y dejar huellas duraderas.

A continuación puede escuchar la entrevista completa de César Cuan Álvarez, donde describe como se dio cuenta de la existencia de las obras humorísticas del Parque del Humor.
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