Imagínese un río pero no uno cualquiera: sino el río Ariguanabo, de aguas transparentes y frescas, dicen que para aquella época, pleno siglo 18, los habaneros adinerados creían en la magia de sus aguas medicinales. Impresionante, verdad? Ahora imagínese un bosque, y en ese bosque, cientos de leñadores talando maderas preciosas que más tarde viajarían a Europa. No abra los ojos todavía por favor, contemple a La taberna del Tío Cabrera, levantada en 1775 por un canario llamado Joseph Cabrera. Antes que la iglesia, antes que cualquier papel firmado por un rey, ya había un mostrador, un trago y unos cuantos vecinos tercos que decidieron quedarse. Así nació San Antonio Abad.

Doña Bárbara de Santa Cruz, viuda del primer Marqués de Montehermoso, había comprado cincuenta caballerías de tierra junto al río. Quería un pueblo para su hijo menor. Y el 22 de septiembre de aquel año, una Real Cédula le dio la razón: quedaba oficialmente fundada la villa. Pero la verdad sea dicha: el pueblo ya existía. La vida siempre llegó antes que los documentos.

Llegaron entonces los franceses que huían de Haití, y con ellos los cafetales. Llegaron los canarios y el tabaco. Llegó el ferrocarril en 1844, y con él los viajeros que bajaban a bañarse en La Represa, buscando salud en el agua. El “Abad” se fue perdiendo en el habla de la gente, y el pueblo se quedó con el nombre que el río le regaló: San Antonio de los Baños.

Pero este no ha sido un pueblo manso. Aquí se conspiró con Soles y Rayos de Bolívar, con Aponte, con la Escalera.

En 1869 se descubrió la Conspiración de las Biajacas, y catorce vecinos fueron condenados al destierro. A pesar del golpe, un grupo se alzó con Carlos García al frente. Más de cien hijos de esta tierra se echaron al monte con el Ejército Libertador. Y una mujer, Rosa Robes, quedó como Patriota Insigne del Ariguanabo.

Después vinieron otras luchas. Julio Antonio Mella organizó aquí un círculo de trabajadores. Y aquí, en 1986, con Gabriel García Márquez como padrino, nació la Escuela Internacional de Cine y Televisión. Por eso dicen que San Antonio de los Baños es el pueblo más filmado del mundo. Y también el más gracioso: capital del humor en Cuba, Aquí nació Silvio Rodríguez. En esta tierra se ríe y se llora con la misma facilidad.

Doscientos treinta y dos años. El río ya no canta como antes. Las casonas se agrietan. Los que se fueron no volvieron, y los que volvieron ya no reconocen todas las esquinas. Pero hay algo que no cambia: cada vez que alguien se sienta frente al Ariguanabo y recuerda, aunque sea por un segundo, que este pueblo nació de un trago de aguardiente y de unas aguas que curaban —o eso decían—, San Antonio de los Baños vuelve a fundarse. No en un papel sino en la memoria de su gente.

Porque los pueblos no se caen cuando se rompen sus paredes. Se caen cuando se olvidan sus historias. Y esta historia —la del Tío Cabrera, la de Rosa Robes, la de Silvio, la de todos los que se quedaron— todavía tiene páginas por escribir.

Feliz cumpleaños, San Antonio. Que el río te perdone, y que la memoria te salve.

Yely Pupo
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Por Yely Pupo