Un soñador convirtió la curiosidad infantil en legado eterno, entre superhéroes del espacio y páginas de Historia Natural, descubrió que la verdadera aventura estaba en el conocimiento.
Con la brújula de la ciencia en el corazón, se lanzó a alfabetizar campesinos en Pinar del Río, demostrando que enseñar a leer es también sembrar luz en la oscuridad.
Su vida profesional fue un viaje de constancia: profesor, investigador, explorador. En cada aula y laboratorio dejó huellas de entrega. En cada expedición descubrió especies nuevas, como quien abre ventanas al misterio del mundo.
Entonces fue Pasaje a lo desconocido, una casa más para que, El Hombre de las Arañas, conversar a sobre todo su conocimiento.
Giraldo Alayon, si, impulsor y presidente de la Fundación Ariguanabo, llevó el nombre de Cuba como bandera de sabiduría, en cada charla, desde Harvard hasta Zaragoza.
Giraldo no solo estudió arácnidos ni escribió artículos científicos: él tejió redes invisibles entre la ciencia y el pueblo, entre la naturaleza y la esperanza.
Pero más allá de los títulos y medallas, Giraldo fue un sembrador de conciencia. Con su programa radial Vida Silvestre, enseñó a escuchar el canto de los árboles y el murmullo del río. Nos recordó que la biodiversidad no es un lujo, sino la raíz misma de nuestra identidad.
Hoy, cuando evocamos su figura, sentimos que “Giraldo Alayón García es más que un hijo ilustre de San Antonio de los Baños: es un faro que nos recuerda que la ciencia puede ser poesía, que la enseñanza puede ser heroísmo, y que cuidar la naturaleza es cuidar la vida misma. Su legado nos invita a mirar el Ariguanabo con gratitud y a seguir soñando con un futuro donde el conocimiento sea la mayor fuerza de transformación».

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