San Antonio de los Baños, Artemisa, Cuba. – La historia de Playa Girón se mantiene viva gracias a quienes la vivieron de cerca. Vacilio Pino Martín, quien ocupó el cargo de segundo jefe de la compañía ligera de combate en la epopeya de Playa Girón, comparte sus recuerdos, relatando momentos de valentía, esfuerzo y camaradería.
“El batallón completo salió de San Antonio de los Baños el 17 de abril en 54 camiones que transportaron a todos los milicianos hacia Girón. Al llegar a la zona central cercana a Girón, descendimos de los camiones y avanzamos custodiando la carretera en dos hileras. Durante el trayecto, Fidel nos encontró en dos ocasiones para dar instrucciones sobre la organización de las milicias del batallón.
En San Antonio, el pueblo estaba completamente oscuro. El batallón ingresó al pueblo y encontró a la población en las calles, recibiéndonos. Cada miliciano bajó del camión con su fusil o metralleta y lo guardó en su casa. Al día siguiente, nos dirigimos a la ‘Super Mil’, donde se entregaron las armas y se reorganizó el batallón. Finalmente, los mercenarios de Girón fueron derrotados y se consolidó el triunfo de la revolución. Ese día, nuestro comandante en jefe proclamó el carácter socialista de la Revolución.”
Las familias ariguanabenses también desempeñaron un papel importante. No se trató solo de una o dos familias, sino de muchas que participaron, aunque de manera pasiva, en los acontecimientos de Playa Girón. Entre ellas se encuentran los hermanos Obregón Rodríguez. Hoy, a 80 años de aquellos hechos, Cirilo Obregón Rodríguez recuerda con claridad aquellos momentos:
“Nos prepararon una comida alrededor de las ocho y media de la noche, el mismo día del ataque, para apoyar los tanques. Nos dieron una cajita con carne y una malta, pero muchos no comieron. A las diez y media llegaron los tanques para el asalto.”
Cada gesto de solidaridad y cada mensaje de ánimo se convirtió en un motor invisible que fortalecía la determinación de quienes defendían su tierra. Las historias de estos hombres del Ariguanabo nos recuerdan que Girón no fue solo un enfrentamiento militar: fue un momento de compromiso colectivo, donde la valentía de los combatientes se entrelazó con la paciencia, la esperanza y el sacrificio de sus familias.
“Nos sentimos orgullosos de formar parte de ese batallón. La mayoría éramos jóvenes y desconocíamos el objetivo final al salir, pero comprendimos que enfrentábamos una invasión y que podíamos perder la vida. Sin embargo, estábamos contentos y felices de participar y de aportar todo lo necesario para que el enemigo no pudiera vencer a la Revolución cubana.”
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